Respuesta rápida: qué disco duro externo te conviene
Si vas a llevar el disco encima y trabajar con los archivos directamente desde él, compra un SSD externo de 1 o 2 TB con conexión USB 3.2 Gen 2 (10 Gbps). Si lo quieres para copias de seguridad y archivo en casa, compra un HDD de 3,5 pulgadas con su transformador: cuesta bastante menos por terabyte y llega a capacidades muy superiores. Y si buscas mucha capacidad en la mochila sin gastar de más, el HDD portátil de 2,5 pulgadas alimentado por el propio cable sigue siendo el punto medio razonable. Sea cual sea el que elijas, recuerda una cosa antes de seguir leyendo: un único disco externo no es una copia de seguridad. Es un soporte, y los soportes fallan.
Esa es la versión de treinta segundos. El resto de la guía existe porque las decisiones que de verdad marcan la diferencia no están en la portada de la caja. Están en qué interfaz trae el puerto de tu ordenador, en qué cable viene dentro, en cómo formateas el disco, en si tienes una segunda copia y en si sabrás reconocer el momento en que la unidad empieza a morirse. Vamos por partes.
Cómo leer esta guía. Verás cifras de velocidad asociadas a interfaces (USB 3.2 Gen 1, Gen 2, USB4, Thunderbolt). Esas cifras son los límites del estándar, están publicados y valen para cualquier producto que lo cumpla. Lo que no verás son velocidades, precios ni horas de vida atribuidas a un modelo concreto: eso solo lo puede afirmar quien lo haya medido, y aquí no medimos nada.
HDD o SSD externo: cuándo compensa cada uno
La primera bifurcación es también la más importante, y mucha gente la resuelve al revés. Un disco duro mecánico (HDD) guarda los datos en platos magnéticos que giran mientras un cabezal se mueve sobre ellos a micras de distancia. Una unidad de estado sólido (SSD) los guarda en memoria flash, sin partes móviles. De esa diferencia física salen todas las demás.
El HDD tiene dos ventajas reales que ninguna moda cambia: el coste por terabyte y la capacidad máxima. A igualdad de dinero te llevas mucho más espacio, y las capacidades más altas del mercado siguen viviendo en formato mecánico de 3,5 pulgadas. Sus inconvenientes también son físicos: gira, hace ruido, vibra, consume más, tarda unos segundos en despertar cuando lleva rato parado y detesta los golpes, sobre todo mientras está funcionando.
El SSD externo invierte el reparto. Arranca al instante, no hace ruido, cabe en un bolsillo, aguanta que lo metas en la mochila con el portátil y mueve archivos grandes a una velocidad que un HDD no puede tocar. A cambio pagas bastante más por cada terabyte, las capacidades muy altas son caras y, cuando falla, suele fallar de golpe y sin los avisos sonoros que da un mecánico.
| Criterio | HDD externo (mecánico) | SSD externo (flash) |
|---|---|---|
| Coste por terabyte | El más bajo del mercado en almacenamiento de consumo | Varias veces superior al del HDD para la misma capacidad |
| Qué limita la velocidad | La propia mecánica: el plato y el cabezal, muy por debajo de lo que permite un puerto de 10 Gbps | La interfaz y el controlador: aprovecha USB 3.2 Gen 2, USB4 o Thunderbolt |
| Archivos pequeños | Muy penalizado: cada archivo obliga al cabezal a reposicionarse | Sin penalización mecánica, aunque también baja frente a un archivo grande |
| Golpes y vibración | Frágil, sobre todo encendido y girando | Tolerante: no hay piezas en movimiento |
| Ruido y calor | Zumbido y clics de trabajo; calor moderado | Silencioso; puede calentarse mucho en copias largas |
| Capacidad alta | Donde mejor se defiende, sobre todo en 3,5 pulgadas | Disponible, pero el precio se dispara |
| Almacenamiento en un cajón | Aguanta años sin alimentar, con revisiones periódicas | Las celdas pierden carga con el tiempo sin corriente |
| Uso ideal | Copia de seguridad, archivo, material que consultas poco | Trabajo directo sobre el disco, edición, transporte diario |
El detalle del almacenamiento sin alimentar que casi nadie menciona
Hay un punto en el que el HDD gana de forma poco intuitiva: guardar un disco en un cajón durante años. La memoria flash conserva los datos como carga eléctrica atrapada en las celdas, y esa carga se degrada con el tiempo si la unidad no recibe corriente. El estándar del sector para SSD de consumo (la especificación JEDEC JESD218) plantea una retención del orden de un año a temperatura ambiente cuando la unidad ya ha consumido su vida útil de escrituras, y la temperatura de almacenamiento influye. Un SSD nuevo y poco usado aguanta bastante más, pero la conclusión práctica es la misma: un SSD no es el soporte adecuado para dejar datos guardados y olvidados durante una década.
Un HDD apagado tampoco es eterno: la lubricación se degrada, los cojinetes se pegan y la electrónica envejece. La recomendación razonable para un disco de archivo, sea del tipo que sea, es conectarlo y leerlo entero un par de veces al año. Si algo se ha estropeado, prefieres enterarte cuando aún tienes la otra copia que el día que la necesitas.
SMR: el detalle técnico que explica muchas quejas de lentitud
Dentro del mundo mecánico hay dos formas de escribir en el plato. La tradicional (CMR) escribe pistas independientes. La de grabación solapada (SMR) las escribe montándose parcialmente unas sobre otras para meter más datos en el mismo plato, y por eso reescribir en una zona ya ocupada obliga a reorganizar las pistas vecinas. El resultado es un disco que copia rápido durante los primeros gigabytes, mientras trabaja sobre una zona de caché, y luego se desploma en escrituras largas y sostenidas.
Muchos discos portátiles de 2,5 pulgadas y de capacidad alta usan SMR, y no siempre lo anuncian en la caja. Para copias de seguridad domésticas y archivo suele ser irrelevante. Para volcar cien gigabytes de material de vídeo de una tacada, o para meter el disco dentro de un NAS con RAID, es una fuente segura de disgustos. Si el fabricante no lo indica en la ficha, búscalo en la tabla de tecnología de grabación de su web de soporte antes de comprar.
La pregunta útil no es «cuál es el disco más rápido», sino «qué va a hacer este disco el 90 % del tiempo». Un disco de archivo que se enciende una vez a la semana no necesita velocidad; necesita capacidad barata y fiabilidad. Un disco de trabajo la necesita entera.
2,5 o 3,5 pulgadas y la cuestión de la alimentación externa
Los discos mecánicos externos vienen en dos tamaños, y la diferencia no es solo de bolsillo. Un disco de 2,5 pulgadas está pensado para alimentarse del propio bus USB: enchufas un cable y funciona. Un disco de 3,5 pulgadas lleva una mecánica más grande que necesita 12 voltios para arrancar los platos, y el bus USB no entrega esa tensión. Por eso todos los modelos de sobremesa vienen con un transformador aparte, y por eso no existen los discos de 3,5 pulgadas «portátiles» de verdad.
Esa dependencia del enchufe suena a inconveniente y en parte lo es, pero trae ventajas. Un disco de sobremesa suele tener más espacio interno para ventilación, una carcasa que disipa mejor, capacidades más altas y un precio por terabyte más bajo. Como vive fijo sobre una mesa, tampoco sufre los golpes que se lleva un portátil. Si el disco va a quedarse en casa haciendo copias, el formato de 3,5 pulgadas es casi siempre la compra más sensata.
El de 2,5 pulgadas paga su portabilidad en capacidad máxima y en velocidad sostenida, y añade un problema poco conocido: el consumo. Arrancar los platos es el momento de mayor demanda eléctrica, y hay puertos USB de portátiles antiguos, hubs sin alimentación propia y regletas de monitor que no llegan a entregar lo suficiente. El síntoma es inconfundible: el disco se monta, empieza a copiar y desaparece a mitad de faena, o hace un chasquido repetido de arranque fallido. Antes de dar el disco por muerto, prueba a conectarlo directamente al ordenador con el cable original, o usa el cable en Y de doble conector USB si venía uno en la caja.
Un aviso sobre los hubs y las bases de conexión. Enchufar un disco mecánico a un hub USB sin alimentación externa compartido con un teclado, un ratón, una webcam y un teléfono cargando es una de las causas más comunes de corrupción de datos en discos externos. No es que el disco sea malo: es que se queda sin corriente en mitad de una escritura. Si trabajas con hub, que tenga transformador propio.
Carcasas y unidades sueltas: montar tu propio disco externo
Una opción que muchos pasan por alto es comprar por separado la carcasa (el «enclosure») y la unidad que va dentro. Con un SSD NVMe M.2 y una carcasa con puente USB 3.2 Gen 2 o USB4 montas un disco externo en cinco minutos y sin herramientas en los modelos sin tornillos. Sale a cuenta cuando ya tienes una unidad libre tras ampliar un portátil, cuando quieres una capacidad concreta que los modelos cerrados no ofrecen, o cuando prefieres poder sustituir la carcasa si el puente USB falla, que es la avería más frecuente en los discos externos cerrados.
Hay dos cosas en las que fijarse. La primera es la disipación: un SSD NVMe rápido metido en una carcasa de plástico sin contacto térmico se calienta y baja su rendimiento de forma automática para protegerse, así que en copias largas acaba yendo más lento que uno más modesto en una carcasa de aluminio con almohadilla térmica. La segunda es el protocolo del puente: busca compatibilidad con UASP, que es lo que permite encolar varias órdenes a la vez en lugar de tramitarlas una por una, y que marca una diferencia clara con archivos pequeños.
El camino contrario, sacar el disco de dentro de una carcasa comercial para meterlo en un ordenador, tiene truco. En bastantes discos portátiles la electrónica USB está soldada directamente a la placa del disco y no hay conector SATA que aprovechar. Además, desmontar la carcasa suele implicar romper pestañas o precintos, y eso puede complicarte la garantía.
Interfaces y cables: dónde se pierde la velocidad que pagaste
La queja más repetida sobre discos externos es que van más lento de lo prometido. Casi siempre la culpa no es del disco, sino de la cadena: el puerto del ordenador, el cable y el conector. Un disco solo puede ir tan rápido como el eslabón más lento de esos tres.
El nombre de la conexión se ha vuelto un galimatías porque el consorcio USB ha renombrado sus propias especificaciones varias veces. Lo que antes se llamaba USB 3.0 pasó a llamarse USB 3.1 Gen 1 y después USB 3.2 Gen 1, sin cambiar de velocidad. Lo práctico es olvidarse de los nombres comerciales y mirar los gigabits por segundo.
| Interfaz | Nombres que verás | Ancho de banda | Techo teórico aproximado | Qué significa en la práctica |
|---|---|---|---|---|
| USB 2.0 | USB 2.0, «alta velocidad» | 480 Mbps | Unos 60 MB/s | En el mundo real se queda bastante por debajo. Suficiente para un ratón, no para un disco. |
| USB 3.2 Gen 1 | USB 3.0, USB 3.1 Gen 1, SuperSpeed | 5 Gbps | Unos 625 MB/s | Sobra para cualquier HDD mecánico. Se queda corto para un buen SSD. |
| USB 3.2 Gen 2 | USB 3.1 Gen 2, SuperSpeed 10 Gbps | 10 Gbps | Unos 1.250 MB/s | El punto dulce actual para un SSD externo. Muy extendido en portátiles y sobremesas. |
| USB 3.2 Gen 2x2 | SuperSpeed 20 Gbps | 20 Gbps | Unos 2.500 MB/s | Requiere controladora compatible en el ordenador. Poco habitual y ausente en Mac. |
| USB4 / Thunderbolt 3 y 4 | USB4, TB3, TB4 | 40 Gbps | Unos 5.000 MB/s de bus | El bus se comparte con vídeo y otros dispositivos, así que el almacenamiento no lo usa entero. |
| USB4 v2 / Thunderbolt 5 | TB5, USB4 80 Gbps | 80 Gbps | Unos 10.000 MB/s de bus | Reciente y caro. Solo tiene sentido con equipos que ya lo traen. |
Por qué el techo teórico nunca se alcanza
Las cifras de la tabla son el ancho de banda bruto del enlace. De ahí se descuenta la codificación de línea, la sobrecarga del protocolo, el trabajo del puente USB-a-SATA o USB-a-NVMe y las limitaciones del propio ordenador. Un enlace de 10 Gbps que en el papel da 1.250 MB/s se queda en la práctica en el entorno del gigabyte por segundo largo, y eso ya es un resultado bueno. Cuando veas una diferencia de ese orden entre el número del estándar y lo que marca tu copia, el sistema está funcionando bien.
Lo que no es normal es una diferencia de un orden de magnitud. Si un disco de 10 Gbps te copia a velocidad de USB 2.0, revisa por este orden: el puerto (los puertos azules o con el logotipo «SS» son 3.x; los negros lisos suelen ser 2.0), el cable, y si estás pasando por un hub o por la pantalla.
El cable importa mucho más de lo que parece
Aquí está el fallo más silencioso de todos. Un conector USB-C es solo una forma física: por ese mismo enchufe puede pasar USB 2.0, USB 3.2 Gen 2, USB4 o solo corriente. Los cables baratos de carga de móvil, y muchos de los que vienen con auriculares o lámparas, llevan únicamente las líneas de alimentación y las de datos lentas. Enchufas tu SSD de 10 Gbps con uno de esos y funciona perfectamente, sin errores, sin avisos, a una fracción de la velocidad.
Recomendaciones concretas: usa siempre el cable que viene en la caja del disco, que está dimensionado para su interfaz; si necesitas otro, comprueba en la descripción que indica explícitamente los gigabits por segundo que soporta; desconfía de los cables largos baratos, porque el USB de alta velocidad es sensible a la longitud y a la calidad del apantallamiento; y si el disco trae USB-C pero tu ordenador tiene USB-A, usa un cable C-a-A homologado en lugar de un adaptador barato encadenado.
Hay un indicio muy útil para detectar un cable defectuoso: el contador de errores CRC del disco. Si en las lecturas SMART ves que el atributo de errores CRC de la interfaz sube cada vez que copias, el problema está en el cable o en el conector, no en los platos. Cambiar el cable resuelve el caso más veces de las que parece.
Capacidad: cuánta necesitas de verdad
La forma habitual de elegir capacidad es mirar lo que ocupan tus datos hoy y comprar un poco más. Es la forma equivocada. Un disco externo tiene que absorber el crecimiento de los próximos años y, si es de copias, tiene que guardar varias versiones de lo mismo. La regla práctica que funciona es esta: calcula lo que ocupas ahora y multiplícalo por dos si es un disco de transporte, o por tres si va a hacer copias de seguridad con histórico.
Conviene entender también por qué un disco de 2 TB aparece en el ordenador con menos espacio del que dice la caja. Los fabricantes cuentan en unidades decimales, donde un terabyte son un billón de bytes. Windows y muchos programas cuentan en unidades binarias, donde un tebibyte son algo más. La diferencia ronda el 7 % en el rango de los terabytes, y no es un engaño ni un defecto: son dos formas legítimas de contar lo mismo. A eso se suma el espacio que se lleva el propio sistema de archivos.
Otro punto que cambia la decisión: un disco mecánico lleno rinde peor que uno medio vacío. Los datos que se escriben cuando el disco ya está lleno acaban en las pistas interiores, donde bajo el cabezal pasa menos superficie por vuelta y la velocidad secuencial cae de forma apreciable. En un SSD el efecto es distinto pero también existe: sin espacio libre, el controlador tiene menos margen para reorganizar bloques y la escritura se degrada. Dejar entre un 15 y un 20 % libre es una costumbre barata que se nota.
Órdenes de magnitud para calcular
- Documentos, hojas de cálculo y PDF: ocupan tan poco que rara vez condicionan la elección. Miles de documentos caben holgadamente en unos pocos gigabytes.
- Fotografías de móvil: unos pocos megabytes cada una. Un archivo familiar de años cabe sin problemas en un disco de 1 TB.
- Fotografía en RAW: multiplica por varias veces el peso de un JPEG y crece muy rápido si disparas en ráfaga. Aquí ya hablamos de terabytes.
- Vídeo: es lo que revienta cualquier previsión. La grabación de alta resolución y poca compresión llena decenas de gigabytes por hora, y el material en bruto de un proyecto ocupa varias veces lo que ocupará el resultado final.
- Copias completas de un ordenador: necesitas como mínimo el doble del espacio ocupado por el equipo para poder mantener versiones anteriores. Un disco de copias que se llena deja de proteger.
Sistemas de archivos: exFAT, NTFS, APFS y la compatibilidad entre Windows y Mac
Este es el apartado que más problemas evita y el que menos gente lee. Un disco externo se puede formatear de varias maneras, y la elección determina si tu Mac podrá escribir en él, si podrás guardar un archivo de vídeo de veinte gigabytes y qué pasa cuando lo desenchufas sin avisar.
| Formato | Windows | macOS | Límite por archivo | Cuándo elegirlo |
|---|---|---|---|---|
| exFAT | Lectura y escritura nativas | Lectura y escritura nativas | Sin límite práctico | El disco viaja entre Windows y Mac. La opción por defecto para intercambio. |
| NTFS | Nativo y con registro por diario | Solo lectura de fábrica; escribir requiere software de terceros | Sin límite práctico | El disco vive en Windows y quieres permisos, compresión y robustez. |
| APFS | No se lee de fábrica | Nativo desde macOS High Sierra | Sin límite práctico | El disco vive en Mac. Obligado para Time Machine en versiones modernas. |
| Mac OS Plus (HFS+) | No se lee de fábrica | Nativo, ya en retirada | Sin límite práctico | Solo por compatibilidad con Mac antiguos. |
| FAT32 | Nativo | Nativo | 4 GB | Solo para dispositivos viejos que no entienden otra cosa. Evítalo en discos grandes. |
| ext4 | No nativo | No nativo | Sin límite práctico | El disco se usa en Linux o en un NAS. |
La trampa de exFAT
exFAT parece la respuesta a todo porque Windows y macOS lo manejan sin instalar nada. Tiene una pega seria: no lleva registro por diario. Un sistema de archivos con diario anota lo que va a hacer antes de hacerlo, de modo que si se corta la corriente a mitad puede reconstruir un estado coherente al volver. exFAT no tiene esa red de seguridad. Si desenchufas el disco mientras escribe, o si el hub le deja sin corriente, puedes perder no solo el archivo en curso, sino la tabla que dice dónde está todo lo demás.
Con exFAT, expulsar el disco antes de desconectarlo deja de ser una manía y pasa a ser obligatorio. En Windows se hace desde el icono de la bandeja o con clic derecho en la unidad; en macOS, arrastrando al expulsar o pulsando el botón junto al disco en el Finder. Y no lo uses para Time Machine, que necesita APFS en versiones recientes de macOS.
Windows: extracción rápida frente a mejor rendimiento
Windows ofrece dos políticas de caché para discos extraíbles. La de «extracción rápida», que es la predeterminada en las versiones actuales, escribe directamente en el disco y permite desconectar sin expulsar en la mayoría de los casos, a cambio de algo de rendimiento. La de «mejor rendimiento» activa la caché de escritura del sistema, es más rápida y exige expulsar siempre, porque puede haber datos pendientes de volcar. Se cambia desde el Administrador de dispositivos, en las propiedades de la unidad. Si activas la segunda, asume la disciplina de expulsar.
Particiones: GPT frente a MBR
Al formatear un disco grande te preguntarán por el esquema de particiones. Elige GPT (en macOS aparece como «Mapa de particiones GUID»). El esquema antiguo MBR arrastra un límite de algo más de 2 TB y no admite más de cuatro particiones primarias. GPT no tiene esos problemas y además guarda una copia de seguridad de la tabla de particiones al final del disco, lo que ayuda a recuperar el volumen si la cabecera se corrompe. MBR solo tiene sentido para compatibilidad con equipos muy antiguos.
Formatear un disco externo lleva dos minutos. Recuperar los datos de un disco mal formateado que se desconectó a media escritura puede llevar semanas y no siempre acaba bien. Dedica esos dos minutos.
Cifrado: proteger el disco por si lo pierdes
Un disco externo es, por definición, un objeto que sale de casa. Si lo pierdes en un tren o te lo roban con la mochila, cualquiera que lo enchufe ve tus archivos, y ahí puede haber declaraciones de la renta, escaneos del DNI, fotos familiares o material de clientes. Cifrar el disco convierte ese incidente en una molestia en lugar de en un problema.
Hay tres caminos, y los tres son válidos:
- Cifrado por software del sistema operativo. Windows en sus ediciones Pro y Enterprise incluye BitLocker To Go para unidades extraíbles; las ediciones Home pueden leer un disco cifrado así, pero no crearlo. En macOS puedes cifrar un volumen desde Utilidad de Discos al formatear, o con el botón derecho sobre el disco en el Finder si está en APFS o HFS+ con tabla GUID. Es gratis, está integrado y no depende del hardware del disco.
- Cifrado multiplataforma. VeraCrypt es gratuito, de código abierto y funciona en Windows, macOS y Linux, lo que resuelve el caso de tener que abrir el mismo disco cifrado en sistemas distintos. Exige instalar el programa en cada equipo donde vayas a usarlo.
- Cifrado por hardware. Algunos discos incorporan el cifrado en la propia electrónica, a veces con teclado numérico en la carcasa. La ventaja es que no dependes del sistema operativo y el disco se abre en cualquier equipo. El inconveniente es que la calidad de la implementación varía mucho entre fabricantes y no siempre es auditable desde fuera. Si el dato es sensible de verdad, busca modelos con certificación reconocida y consulta la documentación técnica del fabricante.
La advertencia que hay que leer dos veces. El cifrado funciona. Eso significa que si pierdes la contraseña o la clave de recuperación, no hay forma de entrar: ni el fabricante, ni un técnico, ni un servicio de recuperación pueden hacer nada. Guarda la clave en un gestor de contraseñas o impresa en un lugar seguro, y nunca en el propio disco cifrado.
Borrado seguro antes de deshacerte del disco
Cuando un disco llega al final de su vida, formatearlo no borra los datos: solo marca el espacio como libre, y cualquier programa de recuperación los saca. Para un disco mecánico basta con una sobrescritura completa de toda la superficie; las leyendas sobre treinta y cinco pasadas vienen de tecnologías magnéticas de hace décadas y no aplican a los discos actuales. Para un SSD, la sobrescritura no garantiza nada porque el controlador reparte las escrituras por celdas distintas: lo correcto es usar la orden de borrado seguro del fabricante desde su utilidad oficial.
El atajo más elegante es haber cifrado el disco desde el principio. Si todo lo que hay dentro está cifrado, destruir la clave deja el contenido ilegible en un instante, sin tener que reescribir terabytes. Y cuando toque tirarlo, recuerda que un disco duro es residuo de aparatos eléctricos y electrónicos: el punto limpio o la propia tienda donde compres el sustituto están obligados a recogerlo.
La regla 3-2-1 y por qué un disco externo no es una copia de seguridad
Este apartado es el que más disgustos evita, así que va sin rodeos. Si un archivo existe en un solo sitio, ese archivo no está a salvo, da igual lo bueno que sea el disco. Un disco externo donde has movido las fotos «para liberar espacio en el portátil» no es una copia de seguridad: es un traslado. Has cambiado un punto único de fallo por otro, y encima por uno que viaja en una mochila.
La referencia que usa la industria se llama regla 3-2-1 y cabe en una línea: tres copias de los datos, en dos tipos de soporte distintos, con una de ellas fuera del sitio donde están las otras dos. Aplicada a una casa normal, se traduce en algo así: el original en el ordenador, una copia automática en el disco externo, y una tercera copia en la nube o en un segundo disco que vive en casa de un familiar o en la oficina.
Cada elemento de la regla tapa un agujero distinto. Las tres copias cubren el fallo del soporte. Los dos tipos de soporte cubren el fallo sistemático, ese que se lleva por delante a la vez a dos unidades del mismo lote comprado el mismo día. Y la copia fuera de casa cubre el incendio, la inundación y el robo, que son escenarios en los que perder los datos es lo de menos y aun así duelen.
La versión ampliada: 3-2-1-1-0
La variante que se ha impuesto en entornos profesionales añade dos dígitos. El primer «1» adicional pide que una de las copias esté desconectada o sea inmutable, es decir, que no se pueda modificar desde el ordenador que está en riesgo. El «0» pide cero errores en la verificación: comprobar de vez en cuando que la copia se puede restaurar de verdad.
Los dos añadidos responden a amenazas reales. El ransomware, que cifra los archivos y pide un rescate, no distingue entre el disco interno y el disco externo que tienes enchufado: si el sistema lo ve, lo cifra. Una copia que solo se conecta para hacer la copia y luego se desenchufa queda fuera de ese alcance. Y la verificación existe porque la copia de seguridad que nunca se ha probado tiene una tasa de éxito desconocida; lo que descubres el día del desastre es si funcionaba o no.
Copia local frente a copia en la nube
La discusión entre disco externo y nube está mal planteada, porque la respuesta correcta es las dos cosas. El disco externo gana en velocidad de restauración: recuperar cientos de gigabytes desde un cable USB es cuestión de un rato, mientras que bajarlos de internet depende de tu línea y puede llevar días. La nube gana en el escenario físico: sobrevive al incendio, al robo y a que se te caiga el disco por la escalera, y no exige que te acuerdes de enchufar nada.
Un esquema doméstico que funciona bien: copia automática diaria al disco externo con la herramienta del sistema (Historial de archivos o Copia de seguridad en Windows, Time Machine en macOS), y sincronización continua o copia cifrada a un servicio en la nube para las carpetas que no te puedes permitir perder. Añade a mano un tercer disco que se conecta una vez al mes, se actualiza y vuelve a un cajón que no está en tu casa.
Nadie hace copias de seguridad. La gente hace restauraciones. Si nunca has probado a restaurar, no sabes si tienes copias: tienes archivos en otro sitio, que no es lo mismo.
Vida útil, SMART y cómo reconocer que el disco se está muriendo
Los fabricantes publican dos indicadores que suelen malinterpretarse. El MTBF, o tiempo medio entre fallos, es una estadística de población: describe la tasa de fallos esperada en un parque grande de unidades durante su periodo de servicio previsto, y no significa que tu disco vaya a durar ese número de horas. Los TBW, o terabytes escritos, son la cantidad de escritura que el fabricante garantiza en un SSD dentro del periodo de garantía; superarlos no apaga el disco, pero sí marca el fin del compromiso. Ninguna de las dos cifras predice cuándo va a fallar tu unidad concreta, y por eso aquí no ponemos números: los que valen son los de la ficha oficial del modelo que estés mirando.
Lo que sí puedes hacer es vigilar. Casi todos los discos llevan un sistema de autodiagnóstico llamado SMART que registra contadores internos y los pone a disposición del ordenador. En Windows, CrystalDiskInfo los lee de forma gratuita; en Linux y macOS, la utilidad smartctl del paquete smartmontools hace lo mismo desde la terminal, y en Mac hay alternativas gráficas de pago. Hay un obstáculo específico de los discos externos: muchos puentes USB no dejan pasar las órdenes SMART, así que el programa puede decirte que no hay datos. En ese caso, prueba a forzar el modo de traducción SATA en smartctl, o extrae temporalmente la unidad si la carcasa lo permite.
Los contadores que de verdad importan
- Sectores reasignados. El disco encontró sectores defectuosos y los sustituyó por otros de su reserva. Un valor que sube con el tiempo es la señal de degradación más clara en un disco mecánico.
- Sectores pendientes de reasignar. El disco sospecha de un sector pero aún no lo ha retirado. Si el número no vuelve a cero solo, planifica el reemplazo.
- Sectores incorregibles fuera de línea. Datos que ya no se pueden leer. A partir de aquí ya hay pérdida real.
- Errores CRC de la interfaz. No es el disco: es el cable, el conector o el puerto. Cámbialos antes de asustarte.
- Reintentos de arranque de motor. El disco tiene dificultades para poner los platos a girar. Suele preceder a un fallo mecánico.
- Porcentaje de vida consumida y reserva disponible (en SSD). Indican el desgaste de las celdas y cuántos bloques de repuesto quedan. Cuando la reserva empieza a bajar, el final está cerca.
Señales que se ven sin herramientas
Hay síntomas que no necesitan software: chasquidos rítmicos y repetidos, un zumbido nuevo o más agudo del habitual, el disco que aparece y desaparece del explorador cada pocos minutos, copias que se quedan clavadas al 30 % durante media hora, carpetas que se muestran vacías cuando sabes que no lo están, archivos que se abren corruptos, y el clásico mensaje del sistema pidiendo formatear una unidad que ayer funcionaba.
Ante cualquiera de esos síntomas, la secuencia correcta es siempre la misma y va en este orden. Primero, deja de escribir en el disco: cada escritura nueva reduce las posibilidades de recuperar lo anterior. Segundo, copia primero lo irremplazable, no lo primero que veas: si el disco va a durar veinte minutos más, que se vayan en las fotos y no en la carpeta de descargas. Tercero, no lances herramientas de reparación del sistema sobre una unidad que hace ruidos mecánicos, porque una reparación fuerza más lecturas y puede rematar lo que quedaba. Y cuarto, si los datos valen dinero o son irrecuperables por otra vía, apaga el disco y pide presupuesto a un servicio de recuperación profesional antes de seguir tocando.
Sobre los servicios de recuperación de datos. Una recuperación en sala limpia es un trabajo especializado y caro, y el resultado no está garantizado. Pide siempre presupuesto cerrado y por escrito antes de autorizar nada, pregunta si cobran en caso de fracaso y desconfía de quien te dé un precio final por teléfono sin haber visto la unidad. Es un servicio legítimo y a veces la única salida, pero conviene entrar con las condiciones claras.
Resistencia, grados IP y discos rugerizados
Si el disco va a viajar de verdad (obra, rodaje, montaña, furgoneta), la carcasa deja de ser estética y pasa a ser especificación. Hay dos etiquetas que verás y conviene distinguirlas, porque una está normalizada y la otra no tanto.
El grado IP sí es una medida normalizada, definida en la norma internacional IEC 60529. Son dos dígitos: el primero mide la protección frente a sólidos y polvo, y el segundo frente al agua. Un IP54 protege del polvo en cantidad limitada y de salpicaduras desde cualquier dirección. Un IP67 es estanco al polvo y aguanta una inmersión temporal a poca profundidad. Cuando un fabricante declara un grado IP, está declarando el resultado de un ensayo definido, y eso es comparable entre marcas.
Las referencias a ensayos de caída de tipo militar merecen más cautela. Ese conjunto de normas describe métodos de prueba, no un certificado que otorgue nadie: el fabricante elige el perfil de ensayo, la altura, la superficie y el número de caídas, y puede realizarlo internamente. Dos discos que dicen cumplir el mismo método pueden haberlo hecho en condiciones muy distintas. No es que la etiqueta no valga nada, es que solo vale si además publican en qué condiciones se hizo el ensayo.
Un apunte práctico: en discos mecánicos, la resistencia a la caída se declara casi siempre con el disco apagado. Un HDD encendido y girando es mucho más frágil que el mismo disco parado, porque el cabezal vuela a micras de la superficie. Si tienes que mover un disco mecánico, apágalo y espera unos segundos a que los platos frenen antes de levantarlo.
Para uso itinerante de verdad, un SSD externo con carcasa de goma resuelve el problema de raíz: sin partes móviles no hay cabezal que estrellar. La contrapartida sigue siendo el precio por terabyte, así que muchos profesionales que se mueven trabajan con un SSD en campo y vuelcan a un HDD de sobremesa al llegar a la base.
Qué elegir según tu perfil de uso
Ninguna lista de «los cinco mejores» sirve para todos, porque el uso cambia la respuesta por completo. Esta tabla ordena las decisiones por perfil en lugar de por marca.
| Perfil | Tipo recomendado | Interfaz mínima | Formato sugerido | A qué prestar atención |
|---|---|---|---|---|
| Copias de seguridad en casa | HDD de 3,5 pulgadas con transformador | USB 3.2 Gen 1 | NTFS en Windows, APFS en Mac | Capacidad de sobra para guardar versiones; ventilación y un sitio fijo donde vivir. |
| Llevar archivos a diario | SSD externo compacto | USB 3.2 Gen 2 | exFAT si lo compartes entre sistemas | Cifrarlo desde el primer día; que el cable de la caja sea el que uses. |
| Fotografía en RAW | SSD para trabajar, HDD para archivar | USB 3.2 Gen 2 | Según el equipo principal | Escritura sostenida con archivos grandes; espacio libre para el catálogo. |
| Edición de vídeo | SSD NVMe en carcasa con buena disipación | USB4 o Thunderbolt si el equipo lo trae | APFS o NTFS según el equipo | Que no baje el rendimiento por calor en copias largas; caudal sostenido, no picos. |
| Consola de videojuegos | SSD externo o HDD según generación | USB 3.2 Gen 1 o superior | El que imponga la consola | Comprobar en el manual qué se puede jugar desde el externo y qué solo se almacena. |
| Archivo a largo plazo | HDD de 3,5 pulgadas, dos unidades | USB 3.2 Gen 1 | El del sistema donde vayas a restaurar | Guardar en sitios distintos y leer el contenido entero un par de veces al año. |
| Uso en exteriores | SSD rugerizado | USB 3.2 Gen 2 | exFAT | Grado IP declarado; tapa de conector; cifrado obligatorio si sale de tu control. |
| Compartir entre Windows y Mac | Cualquiera de los anteriores | La que soporten ambos equipos | exFAT con GPT | Expulsar siempre antes de desconectar; no usarlo para Time Machine. |
Sobre los modelos concretos y las listas de «los mejores»
Habrás notado que esta guía no corona a un ganador con una nota sobre cinco. Es deliberado. Para decir que un disco concreto es mejor que otro hacen falta mediciones reproducibles con la misma metodología, muestras de varias unidades y datos de fallo a lo largo del tiempo, y nada de eso se puede improvisar. Lo que sí podemos darte es el filtro con el que descartar: define primero el tipo (mecánico o flash), luego el formato (portátil o sobremesa), luego la interfaz que tu ordenador puede aprovechar de verdad, luego la capacidad con el margen de crecimiento, y solo al final compara modelos que ya han pasado esos cuatro filtros. En ese punto quedan pocos candidatos y la decisión es casi obvia.
Cuando llegues a comparar modelos concretos, apóyate en las fichas técnicas oficiales del fabricante (no en las descripciones de la tienda, que a menudo mezclan datos de otras capacidades de la misma familia), en la duración de la garantía comercial, en si el fabricante publica la tecnología de grabación del disco mecánico y en si ofrece utilidades propias de diagnóstico y borrado seguro. Ese último punto dice más de la seriedad de una marca que cualquier eslogan.
Diez errores frecuentes al comprar y usar un disco duro externo
- Comprar por capacidad y precio, sin mirar la interfaz. Un disco enorme conectado por un puerto lento es un disco enorme y lento.
- Usar un cable cualquiera. El cable de carga que tenías por casa puede recortar la velocidad a una fracción sin dar ningún aviso.
- Confiar en un solo disco. El fallo no avisa, y un único soporte convierte cualquier incidente en pérdida total.
- Dejar el disco de copias siempre enchufado. Cómodo, pero queda expuesto a lo mismo que el ordenador, ransomware incluido.
- No expulsar antes de desconectar, sobre todo con exFAT y con la caché de escritura activada.
- Formatear en FAT32 «por compatibilidad». El límite de 4 GB por archivo te bloqueará el primer vídeo largo que intentes copiar.
- Mover el HDD mientras funciona. Es el momento en que más frágil está.
- Ignorar el primer síntoma raro. Ese ruido nuevo o esa desconexión suelta es la ventana para rescatar los datos.
- No cifrar un disco que sale de casa. El coste es cero y la diferencia entre un robo y una fuga de datos es enorme.
- No probar nunca una restauración. Una copia sin verificar es una hipótesis, no una garantía.
Tus derechos al comprar: garantía de tres años y devoluciones
Comprar un disco externo en España, presencial o por internet, te da unos derechos que conviene conocer porque muchas tiendas los explican mal en sus propias páginas.
Garantía legal de conformidad: tres años. Desde la reforma introducida por el Real Decreto-ley 7/2021 en el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, el vendedor responde de las faltas de conformidad que se manifiesten en los tres años siguientes a la entrega, para los bienes comprados a partir del 1 de enero de 2022. Si alguna tienda te habla de dos años, está aplicando la norma antigua. Durante los dos primeros años se presume que el defecto ya existía en el momento de la entrega, así que no tienes que demostrar nada; a partir del tercero, la carga de la prueba se invierte y te corresponde a ti. La acción para reclamar prescribe a los cinco años desde que se manifestó el problema.
Esa garantía legal es independiente de la garantía comercial que ofrezca el fabricante. La comercial es un extra voluntario, puede ser más larga y puede tener sus propias condiciones, pero nunca puede recortar la legal. Y quien responde ante ti por la legal es el vendedor, no el fabricante: si la tienda te manda directamente al servicio técnico de la marca y se desentiende, está eludiendo su obligación.
Desistimiento en compras a distancia: 14 días naturales. Si compras por internet o por teléfono, tienes catorce días naturales desde que recibes el producto para devolverlo sin dar ninguna explicación. Puedes abrir la caja y comprobar el disco igual que lo harías en una tienda física: enchufarlo, ver que arranca, comprobar que el sistema lo reconoce. Solo respondes de la disminución de valor si lo has manipulado más allá de esa comprobación. Cualquier política que exija devolverlo «sin abrir y con el precinto intacto» va en contra de la norma.
Sobre los costes: el vendedor debe reembolsarte el precio y también los gastos de envío estándar que pagaste al comprar. Los gastos de la devolución los asumes tú solo si la tienda te informó de ello antes de la compra; si no te informó, los paga la tienda. La única excepción práctica en este tipo de producto son las unidades personalizadas: un disco grabado con tu nombre encaja en la exclusión prevista para bienes confeccionados conforme a especificaciones del consumidor.
Un consejo de trámite. Conserva la factura y el correo de confirmación del pedido: son el justificante de la fecha de entrega, que es la que hace correr los plazos de garantía y de desistimiento. Y comunica la devolución por un medio que deje constancia (formulario de la tienda, correo electrónico) antes de que se agoten los catorce días; el envío puede salir después.
Preguntas frecuentes sobre discos duros externos
¿Qué es mejor, un disco duro externo HDD o un SSD externo?
Depende del uso. El SSD externo gana en velocidad, silencio, tamaño y resistencia a los golpes, y es la opción sensata si trabajas con los archivos directamente desde el disco. El HDD gana en coste por terabyte y en capacidades altas, así que sigue siendo la opción razonable para copias de seguridad y archivo de material que consultas poco. Si el presupuesto da para las dos cosas, el reparto ideal es un SSD pequeño para trabajar y un HDD grande para guardar.
¿Cuánta capacidad necesito en un disco duro externo?
Como regla práctica, calcula lo que ocupan hoy tus datos y multiplícalo por dos o por tres. Si el disco es para copias de seguridad completas de un ordenador, necesitas al menos el doble de la capacidad ocupada por ese equipo para poder guardar varias versiones y no quedarte con una única foto del último día. Un disco que se llena deja de servir como copia de seguridad, porque el programa empieza a borrar histórico o directamente falla.
¿Un disco duro externo sirve como copia de seguridad?
Solo si no es la única copia. Un disco externo es un soporte, no una estrategia. Si es el único sitio donde están tus archivos, un fallo del disco, un robo, un incendio o un ataque de ransomware se los llevan todos a la vez. La referencia del sector es la regla 3-2-1: tres copias, en dos tipos de soporte distintos y una de ellas fuera de casa. Mover las fotos del portátil al disco externo y borrarlas del portátil no es hacer una copia; es cambiar de sitio el riesgo.
¿Cómo formateo un disco externo para usarlo en Windows y en Mac a la vez?
Con exFAT y tabla de particiones GPT. Es el único formato que Windows y macOS leen y escriben de fábrica sin instalar nada. A cambio, exFAT no tiene registro por diario, así que es más sensible a desconexiones bruscas: expulsa siempre el disco antes de desenchufarlo, evita usarlo a través de hubs sin alimentación y no lo elijas como destino de Time Machine, que en las versiones modernas de macOS necesita APFS.
¿Por qué mi disco externo va más lento de lo que anuncia?
Las causas habituales son tres: el puerto, el cable y el tipo de archivo. Un disco de 10 Gbps enchufado a un puerto USB 2.0 se queda en velocidades de USB 2.0, y un cable de carga sin las líneas de datos rápidas produce exactamente el mismo efecto sin dar ningún aviso. Además, copiar miles de archivos pequeños siempre es mucho más lento que copiar un único archivo grande del mismo tamaño total, y en un disco mecánico la velocidad cae según se va llenando porque los datos acaban en las pistas interiores. Empieza probando otro puerto y otro cable.
¿Necesita alimentación externa un disco duro externo?
Los modelos portátiles de 2,5 pulgadas y los SSD externos se alimentan por el propio cable USB. Los de sobremesa de 3,5 pulgadas llevan siempre un transformador aparte porque su mecánica necesita 12 voltios, que el bus USB no entrega. Si un disco de 2,5 pulgadas se desconecta solo o hace chasquidos de arranque repetidos, sospecha antes del puerto o del hub sin alimentación que del propio disco: conéctalo directamente al ordenador con el cable original y comprueba si el problema desaparece.
¿Cuánto dura un disco duro externo?
No hay una cifra fiable que valga para todos los discos: depende del modelo, del trato y de la suerte. Los fabricantes publican valores como el MTBF o los terabytes escritos, que son estadísticas de una población y compromisos de garantía, no una promesa sobre tu unidad concreta. Lo sensato es tratar cualquier disco como reemplazable, vigilar sus avisos SMART, sustituirlo ante el primer síntoma raro y no depender nunca de uno solo. Un disco de archivo que solo se enciende de vez en cuando suele durar más que uno que trabaja a diario.
¿Cómo sé si mi disco duro externo está fallando?
Los avisos típicos son ruidos nuevos (chasquidos repetidos o un zumbido distinto), desconexiones y reconexiones espontáneas, copias que se quedan colgadas, carpetas que aparecen vacías, archivos que se abren corruptos y el sistema pidiéndote formatear un disco que antes funcionaba. Ante cualquiera de ellos, deja de escribir en el disco, rescata primero lo irremplazable y evita lanzar herramientas de reparación sobre una unidad que hace ruidos mecánicos, porque una reparación fuerza más lecturas y puede acabar de romperla.
¿Puedo cifrar un disco duro externo sin comprar software?
Sí. Windows en sus ediciones Pro y Enterprise incluye BitLocker To Go para unidades extraíbles, macOS permite cifrar un volumen desde Utilidad de Discos o con el botón derecho en el Finder, y VeraCrypt es una alternativa gratuita, de código abierto y multiplataforma si necesitas abrir el mismo disco en sistemas distintos. Guarda la clave de recuperación en un sitio que no sea el propio disco: si la pierdes, no hay forma de entrar y no existe servicio técnico que pueda arreglarlo.
¿Qué garantía tiene un disco duro externo comprado en España?
Tres años de garantía legal de conformidad desde la entrega, según el texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios tras la reforma del Real Decreto-ley 7/2021, para las compras hechas a partir del 1 de enero de 2022. Durante los dos primeros años se presume que el defecto ya existía en el momento de la entrega, de modo que no tienes que demostrarlo tú. Quien responde es el vendedor, y la garantía comercial del fabricante es un añadido voluntario que nunca puede recortar la legal.
¿Puedo devolver un disco duro externo comprado por internet si lo he abierto?
Sí. Tienes 14 días naturales para desistir sin dar explicaciones y puedes abrir y comprobar el producto igual que lo harías en una tienda física: enchufarlo, ver que arranca y comprobar que el ordenador lo reconoce. Solo respondes de la pérdida de valor si lo has manipulado más allá de esa comprobación. Las políticas que exigen el precinto intacto no se ajustan a la norma. La excepción real son las unidades personalizadas, por ejemplo grabadas con tu nombre.
¿Merece la pena un disco duro externo rugerizado?
Merece la pena si el disco va a viajar en mochila, a obra, a rodaje o a exterior. Fíjate en el grado IP para polvo y agua, que responde a una norma internacional y es comparable entre marcas, y trata con cautela las referencias a ensayos de caída de tipo militar: describen un método de prueba, no un certificado, y cada fabricante elige las condiciones. Si el uso es realmente duro, un SSD resuelve el problema mejor que cualquier carcasa, porque no tiene piezas que se puedan desalinear.
¿Puedo usar un disco duro externo con la tele o con un router?
Muchos televisores y routers admiten discos USB, pero con limitaciones que conviene leer en el manual antes de comprar. Suelen aceptar solo determinados sistemas de archivos (a menudo FAT32 o exFAT, rara vez NTFS con escritura), y algunos televisores formatean el disco en un formato propio al usarlo para grabar, dejándolo ilegible en el ordenador. Los routers, además, casi nunca entregan suficiente corriente para un disco mecánico de 2,5 pulgadas, así que si el disco se desconecta solo, ese es el motivo.
¿Un SSD externo necesita TRIM o desfragmentación?
Desfragmentar un SSD no sirve de nada y solo gasta escrituras; el sistema operativo ya lo evita por su cuenta cuando reconoce la unidad como flash. El TRIM, que avisa al disco de qué bloques han quedado libres, sí ayuda a mantener el rendimiento, pero por USB depende de que el puente de la carcasa lo transmita, y bastantes no lo hacen. En la práctica, para un disco externo que no se llena hasta el borde el efecto es menor. Dejar un margen libre del 15 al 20 % compensa buena parte del problema.
Para seguir leyendo
Si quieres profundizar en las decisiones concretas que aparecen en esta guía, tenemos artículos dedicados a qué es un disco duro sólido y en qué se diferencia de un mecánico, a los discos duros externos SSD rápidos y portátiles, a las memorias USB más rápidas cuando lo que necesitas es algo más pequeño, y a los cables USB tipo C, que es donde se pierde la mitad de la velocidad que has pagado. Para montar tu propio equipo de trabajo también puede ayudarte la guía de hubs USB tipo C.
