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Báscula digital de cocina 5 kg con tara y pantalla LCD Capacidad máxima declarada de 5 kg, división declarada de 0,1 g, función tara, lectura en g, oz, ml y lb, pantalla LCD, plataforma de vidrio templado y recarga por USB-C. Para pesar en la cocina de casa, no para vender a peso.

  • Capacidad máxima — 5 kg (peso del recipiente incluido)
  • División declarada — 0,1 g (el escalón mínimo que muestra la pantalla)
  • Tara — pesa varios ingredientes encadenados en el mismo bol
  • Unidades — g, oz, ml y lb (el modo ml asume densidad de agua)
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Capacidad frente a división

Qué báscula necesitas según lo que vayas a pesar

La capacidad dice cuánto aguanta. La división dice cuánto de fino lee. Son dos cosas distintas y casi nadie las mira juntas.

Tipo de báscula Cocina doméstica (esta ficha) Precisión / joyería Bebé o postal
Capacidad típica5 kg declarados200 g a 500 g20 kg a 50 kg
División típica0,1 g declarados0,01 g o 0,001 g5 g a 20 g
Para qué va bienHarinas, líquidos, raciones, café de filtroLevaduras, sal fina, especias, aditivosPesar a un bebé, paquetes, maletas
Dónde fallaCantidades de 1-2 g y pesos por encima de 5 kgSe satura con un bol lleno de harinaInútil para repostería: no ve los gramos
TaraSí, declaradaSí, casi siempreVariable
Vale para vender a pesoNoNo, salvo modelo homologadoNo, salvo modelo homologado

Rangos orientativos de cada categoría de producto, no de marcas concretas. Las cifras de la columna destacada son las que declara esta ficha; el resto son intervalos habituales del mercado.

Ficha técnica

Nombre comercial
Báscula Digital Cocina 5kg Tara Pantalla LCD
Modelo / SKU
PT-BASCUL-DIGIT
EAN
8400000000235
Categoría
Báscula digital de cocina
Capacidad máxima declarada
5 kg (incluye el peso del recipiente que pongas encima)
División declarada
0,1 g (el escalón mínimo que puede mostrar la pantalla)
Función tara
Sí, para poner a cero con recipiente encima y encadenar ingredientes
Unidades de lectura
g, oz, ml y lb (el modo ml calcula sobre la densidad del agua)
Pantalla
LCD
Plataforma
Vidrio templado
Alimentación
Recargable por USB-C
Metrología legal
Instrumento de uso doméstico. No está sometido a control metrológico legal, así que no sirve para determinar el precio en una venta a peso
No consta en la ficha
Marca del fabricante, referencia de modelo, dimensiones, peso del aparato, autonomía de la batería, error máximo permitido ni certificación de precisión
Origen
Distribuido desde España
Envío península
24-48 h gratis
Garantía legal
3 años de garantía legal de conformidad desde la entrega (Real Decreto-ley 7/2021, compras desde el 1 de enero de 2022)
Desistimiento
14 días naturales sin justificación, con derecho a abrir la caja y comprobar la báscula (arts. 102-108 del RDL 1/2007)
Por qué este báscula digital cocina 5kg

Cuatro motivos por los que Báscula Digital Cocina 5kg merece la pena

Cuatro criterios de categoría, aplicados a lo que esta ficha declara. Sin pruebas de laboratorio propias: lo que no consta, lo decimos.

Las dos cifras que importan, declaradas

Capacidad de 5 kg y división de 0,1 g. Muchas fichas de esta categoría solo enseñan la capacidad y esconden el escalón de lectura, que es lo que decide si puedes pesar 3 g de sal o no.

Stock en España

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Qué hace especial a este báscula digital cocina 5kg

Cuatro decisiones de selección que tomamos para no comprometer nada.

Qué encaja con esta báscula y qué no
Encaja si pesas harinas, líquidos, raciones de dieta o café de filtro, y si te sirve un escalón de lectura de una décima de gramo. No encaja si tu trabajo depende de pesar uno o dos gramos con margen certificado, ni si necesitas pasar de 5 kg con el recipiente puesto: en esos dos casos necesitas otra categoría de aparato, y lo decimos aunque no vendas nada aquí.
Logística desde España, no desde Asia
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Pago 100 % seguro
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Modo de empleo

Cómo lo usas

1

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2

Colócala plana y tara

Superficie rígida y nivelada, nunca sobre un trapo. Enciende sin nada encima, pon el bol, pulsa tara y empieza a añadir. Repite la tara entre ingredientes.

3

Si tienes dudas, escríbenos

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Cómo valoramos una báscula de cocina

Esta página no publica una nota media ni testimonios de clientes, porque no tenemos un sistema de reseñas verificadas asociado a esta referencia y no vamos a inventarlo. Lo que sí podemos darte es el criterio con el que se juzga esta categoría, para que compares cualquier báscula, la nuestra incluida.

1. División antes que capacidad

Una báscula que aguanta 5 kg pero lee de gramo en gramo es inútil para 2 g de levadura. El escalón de lectura manda sobre el titular de capacidad. Esta ficha declara 0,1 g de división y 5 kg de capacidad; si una ficha solo te enseña los kilos, desconfía.

2. Tara que no se pierde

La tara vale para encadenar ingredientes en el mismo bol. Se juzga por dos cosas: que el cero aguante mientras trabajas y que el apagado automático no te borre la cuenta a mitad de receta. Es donde más se nota una báscula mediocre.

3. Estabilidad y honestidad de la ficha

Plataforma rígida, patas que no bailan y una lectura que se para en un número. Y en el papel: una ficha honesta declara división, capacidad, unidades y alimentación. Cuando algo no consta, como aquí la marca del fabricante o el error máximo, lo decimos en vez de rellenarlo.

Qué comprobar tú el día que la recibas

Revisamos el pedido y el embalaje antes de enviarlo, pero la comprobación que de verdad vale es la tuya, y tienes 14 días naturales para hacerla. Enciéndela en una encimera plana sin nada encima: debe marcar cero. Pon un objeto de masa conocida, retíralo y vuelve a mirar el cero. Prueba la tara con un bol y comprueba que al añadir un ingrediente la lectura se estabiliza en un número y no baila. Si algo no cuadra, estás dentro de plazo para devolverla.

Una báscula se juzga con la plataforma vacía: si no vuelve a cero, lo demás sobra

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Preguntas frecuentes

Lo que mas nos preguntan. Si tu duda no esta aqui, escribenos.

Depende de la división, no de la capacidad. Con una báscula cuya división sea de 1 g, pesar 2 g de levadura seca es un ejercicio de fe: el escalón mínimo que muestra vale tanto como lo que quieres pesar, y el redondeo puede dejarte en 1 g o en 3 g sin que la pantalla te avise. Esta ficha declara una división de 0,1 g, lo que sobre el papel permite leer cantidades pequeñas, aunque en el extremo bajo de la escala el error relativo de cualquier báscula doméstica crece y aquí no consta ningún error máximo certificado. Si tu receta se juega el resultado en uno o dos gramos, lo honesto es decirte que compres una báscula de precisión de 0,01 g con capacidad de 200 a 500 g y la uses junto a esta, no en lugar de esta.
Para métodos de filtro (V60, Chemex, prensa francesa, Aeropress) va sobrada: pesas entre 15 y 30 g de café molido y entre 250 y 500 g de agua, y una división de una décima de gramo te sirve de sobra para clavar el ratio. Para espresso vas más justo, porque ahí se ajustan dosis de 18 g y salidas de 36 g afinando medio gramo, y además te interesa pesar en la taza mientras extraes: lo que estorba entonces no es la resolución, sino el apagado automático y el tiempo que tarda la lectura en estabilizarse. Esta ficha no declara temporizador ni modo de pesada continua, así que si vives del espresso, mira una báscula específica de barista.
La tara pone el display a cero teniendo peso encima. Colocas el bol vacío, pulsas tara, la pantalla marca 0 y a partir de ahí solo cuenta lo que añadas. Si repites la operación después de cada ingrediente, puedes pesar harina, azúcar, cacao y sal encadenados en el mismo recipiente sin ensuciar cuatro cuencos ni hacer restas mentales. La contrapartida está en la capacidad: el peso del bol sigue contando para el límite del aparato, así que si el recipiente pesa 900 g, de los 5 kg declarados te quedan 4,1 kg reales para el contenido.
Solo con agua. El modo ml no mide volumen: la báscula sigue pesando y divide el resultado asumiendo la densidad del agua, un gramo por mililitro. Con leche el desvío es pequeño y te lo puedes permitir. Con aceite, que ronda 0,91-0,92 g/ml, la báscula te dará de menos; con miel, en torno a 1,4 g/ml, te dará de más; y con harina el número depende de lo compactada que esté, porque ahí ni siquiera hay una densidad estable. Para cualquier ingrediente que no sea agua, pesa en gramos y haz tú la conversión con la densidad real.
Solo si el fabricante lo contempla y explica la secuencia en el manual, y normalmente hace falta una pesa patrón de masa conocida. Esta ficha no declara función de calibración ni pesa incluida, así que no te prometemos un procedimiento que no consta. Lo que sí puedes hacer es una comprobación casera de deriva: pesa un objeto estable y de masa conocida, apunta el valor y repite la lectura cada cierto tiempo. Si el número se desplaza siempre en el mismo sentido, la báscula está derivando y toca reclamar en garantía, no seguir cocinando con ella.
Es el apagado automático, pensado para no gastar batería cuando te olvidas del aparato encendido. Si la lectura no cambia durante un rato, la báscula se apaga sin preguntar. El problema aparece justo cuando pesas despacio: vas a buscar un ingrediente, te paras a leer la receta, atiendes el teléfono, y al volver la pantalla está muerta y has perdido la tara acumulada. Trabaja con los ingredientes ya preparados delante y, si se apaga a mitad, vuelve a encenderla con el bol encima, pulsa tara y sigue añadiendo desde ahí.
Esta ficha declara alimentación recargable por USB-C, no pilas. No consta la capacidad de la batería ni la autonomía, así que no te vamos a dar cifras inventadas de meses de uso. Si vienes de una báscula de pilas, el cambio te ahorra el clásico "no funciona justo hoy", pero te obliga a acordarte del cable. En los modelos que sí usan pilas de botón o AAA, el síntoma típico de pila baja son lecturas que bailan o un aviso en pantalla, la sustitución se hace por la tapa trasera y conviene sacar las pilas si vas a guardar el aparato meses, porque una pila agotada puede derramarse dentro del compartimento y arruinar los contactos.
Empieza por la alimentación: prueba otro cable y otro adaptador antes de dar el aparato por muerto, porque un cable USB-C que solo carga a baja intensidad es un sospechoso habitual. Si enciende pero muestra un aviso de sobrecarga, has superado la capacidad y debes retirar el peso de inmediato para no dañar la célula de carga. Si la lectura no para quieta, mira dónde la has puesto: una encimera que cede, un paño debajo o una pata apoyada en la junta de dos baldosas bastan para que el número baile. Y si marca un valor distinto de cero con la plataforma vacía, apágala, colócala en superficie plana y vuelve a encenderla sin nada encima.
No. No se sumerge, no se pone bajo el grifo y no entra en el lavavajillas bajo ningún concepto: debajo de la plataforma hay electrónica y una célula de carga que el agua estropea sin remedio, y ese daño no lo cubre ninguna garantía porque es uso indebido. Se limpia con un paño ligeramente húmedo y se seca al momento. Para restos pegados, un poco de jabón neutro sobre el paño, nunca vertido sobre el aparato. Evita estropajos y limpiadores abrasivos sobre el vidrio templado, y no dejes líquido acumulado en los bordes de la plataforma, que es por donde se cuela.
Si el conjunto de olla más contenido no pasa de los 5 kg declarados y la base no desborda tanto la plataforma como para apoyarse en la encimera, sí. Ojo con tres cosas: nunca coloques recipientes calientes sobre la plataforma, porque el calor afecta a la electrónica y al vidrio; una olla ancha te tapa la pantalla, así que tara primero y añade después mirando de lado; y recuerda que el peso de la olla se descuenta de la capacidad disponible, de manera que con una cazuela de hierro de 2 kg te quedan apenas 3 kg de margen.
No, y esto no es una cuestión de calidad sino de régimen legal. Para determinar el precio en una transacción comercial hace falta un instrumento sometido a control metrológico legal, con evaluación de conformidad conforme a la Directiva 2014/31/UE sobre instrumentos de pesaje de funcionamiento no automático, traspuesta en España por el Real Decreto 244/2016 en el marco de la Ley 32/2014 de Metrología. En la práctica se traduce en una báscula de clase III, con el marcado CE acompañado de la M de metrología legal y sometida a verificación periódica. Una báscula doméstica no cumple ese régimen, y usarla para cobrar a peso en un puesto, un obrador o una tienda es una infracción, por muy bien que mida.
La garantía legal de conformidad es de 3 años desde la entrega para las compras realizadas a partir del 1 de enero de 2022, según el Real Decreto-ley 7/2021. Durante los dos primeros años se presume que cualquier falta de conformidad que aparezca ya existía en el momento de la entrega, así que no tienes que demostrar nada. Además, por tratarse de una compra a distancia dispones de 14 días naturales para desistir sin dar explicaciones, conforme a los artículos 102 a 108 del Real Decreto Legislativo 1/2007. Puedes abrir la caja y comprobar la báscula igual que lo harías en una tienda física: no pierdes el derecho por haberla desprecintado ni por no conservar el embalaje original, y solo respondes de la disminución de valor si la manipulas más allá de lo necesario para comprobar su funcionamiento.

Báscula digital de cocina de 5 kg con tara y pantalla LCD: qué hace y qué no

Respuesta directa. Una báscula digital de cocina de 5 kg con función tara y pantalla LCD pesa ingredientes sólidos y líquidos desde unos pocos gramos hasta cinco kilos, y la tara le permite volver a cero con el recipiente encima para que peses varios ingredientes encadenados en el mismo bol. Los dos números que deciden si te sirve son la capacidad máxima (5 kg, dentro de los cuales cuenta también lo que pese el recipiente) y la división o resolución (0,1 g según declara esta ficha, que es el escalón mínimo que la pantalla puede mostrar). No es un instrumento de metrología legal: vale para tu cocina, no para determinar el precio de una venta a peso.

Lo que esta ficha declara

Vamos a jugar con las cartas boca arriba, porque en esta categoría casi todo el ruido viene de mezclar lo que un producto dice con lo que alguien se imagina. Esta ficha declara capacidad máxima de 5 kg, división de 0,1 g, función tara, lectura en cuatro unidades (g, oz, ml y lb), pantalla LCD, plataforma de vidrio templado y alimentación recargable por USB-C. Ese es el material con el que vamos a trabajar en toda la página.

Con esas cifras ya se puede decir bastante. Una capacidad de 5 kg te cubre la inmensa mayoría de tareas domésticas: un bol con masa de pan para cuatro hogazas, una fuente con carne para un asado, una jarra con dos litros de caldo. Una división de 0,1 g es fina para una báscula de cocina, porque el grueso del mercado se mueve en 1 g, y marca la diferencia justo donde más duele, que es en las cantidades pequeñas de repostería y de café.

Lo que esta ficha no declara, y no vamos a rellenar

Aquí viene la parte que casi nadie escribe. En esta ficha no consta la marca del fabricante, ni una referencia de modelo, ni las dimensiones de la plataforma, ni el peso del aparato, ni la autonomía de la batería, ni el error máximo permitido, ni ninguna certificación de precisión. Podríamos inventarnos una historia sobre meses de pruebas en nuestra cocina y llenarte de cifras redondas, pero sería mentira y tú acabarías comprando a ciegas igual.

Por eso el resto de esta página va de otra cosa: de explicarte cómo funciona una báscula de cocina, qué significan de verdad los números que sí están declarados y qué preguntas tienes que hacerle a cualquier báscula, esta o la del pasillo del supermercado, antes de soltar el dinero. Si al final decides que necesitas otro tipo de aparato, habremos hecho bien nuestro trabajo.

Una báscula de cocina no se elige por los kilos que aguanta, sino por el gramo más pequeño que es capaz de mostrar. La capacidad es el titular; la división es la letra que importa.

Para quién encaja y para quién no

Encaja si cocinas en casa, haces repostería o pan, controlas raciones por dieta, preparas café de filtro o simplemente estás harto de las tazas medidoras y de las cucharadas «colmadas». Encaja también si vives en un piso pequeño y quieres un aparato plano que se guarde de canto en un cajón.

No encaja si tu trabajo depende de pesar uno o dos gramos con un margen de error certificado, porque para eso existen las básculas de precisión de 0,01 g. Tampoco encaja si necesitas pesar más de cinco kilos, por ejemplo sacos de harina, cajas de fruta o un cochinillo entero: ahí te hace falta una báscula de mayor capacidad, aunque pagues el precio de leer de cinco en cinco gramos. Y no encaja, bajo ningún concepto, si vas a cobrar a tus clientes en función de lo que marque, algo que explicamos con detalle más abajo.

La tara explicada bien: pesar ingredientes encadenados en el mismo bol

La tara es la función que separa una báscula útil de un cacharro que te obliga a hacer restas. Y aunque suena a tecnicismo, la idea es de una sencillez absoluta: pulsar tara le dice a la báscula «lo que hay encima ahora mismo vale cero para mí». A partir de ese momento la pantalla solo cuenta lo que añadas después.

Cómo se usa, paso a paso

Enciende la báscula con la plataforma vacía y comprueba que marca cero. Coloca encima el bol, el vaso o el plato que vayas a usar; la pantalla te mostrará el peso del recipiente. Pulsa tara y verás que vuelve a cero con el bol todavía puesto. Añade el primer ingrediente hasta la cantidad que pida la receta. Cuando lo tengas, vuelve a pulsar tara: la pantalla se pone otra vez a cero, aunque dentro del bol ya haya harina. Ahora añades el segundo ingrediente y la báscula te cuenta solo ese. Y así con el tercero y el cuarto.

El resultado práctico es que puedes montar la base de un bizcocho (harina, azúcar, cacao, sal, levadura) en un único recipiente, sin fregar cuencos intermedios y sin hacer sumas mentales. Para quien cocina entre semana con prisa, eso es media hora de vida recuperada cada semana.

El arrastre de error: por qué el último ingrediente es el que más sufre

Hay un matiz que casi ninguna ficha cuenta. Cada vez que taras, la báscula fija un nuevo cero sobre una lectura que ya tenía su propio redondeo. Si el escalón de lectura es de 0,1 g, cada tara puede llevarse por delante hasta media división, y esos pequeños errores se van acumulando a medida que encadenas ingredientes.

Con harina y azúcar da igual, porque hablamos de cantidades grandes y de recetas tolerantes. Pero si el quinto ingrediente que taras es la levadura o la sal, que van en cantidades minúsculas, el arrastre pesa proporcionalmente mucho más. La solución es de sentido común: pesa primero las cantidades grandes y deja para el final los ingredientes críticos en un recipiente aparte, o directamente pésalos los primeros, con la báscula recién puesta a cero.

La tara se come capacidad

Otro detalle que sorprende a mucha gente: tarar el recipiente pone la pantalla a cero, pero no libera capacidad. La célula de carga sigue soportando el peso del bol. Si el recipiente pesa 900 g, de los 5 kg declarados te quedan 4,1 kg útiles para el contenido, no cinco. Con un bol de cerámica pesado o una cazuela de hierro fundido la merma es seria, así que si vas a pesar cantidades grandes, usa recipientes ligeros: acero fino, plástico alimentario o un simple bol de aluminio.

Tara frente a cero: no son lo mismo

En muchas básculas domésticas el mismo botón hace las dos cosas y por eso se confunden. Poner a cero es corregir la deriva del aparato vacío, algo que haces al encender. Tarar es descontar un peso conocido que está encima. La diferencia importa cuando la báscula lleva un rato encendida y la lectura se ha desplazado un par de décimas: si taras con el bol puesto, arrastras esa deriva; si apagas, enciendes en vacío y vuelves a empezar, no.

Capacidad máxima (5 kg) y división: los dos números que la gente confunde

Si te quedas con una sola idea de toda esta página, que sea esta. Cuando lees «báscula digital de cocina 5 kg», ese 5 kg es la capacidad máxima: el peso más alto que el aparato admite sin dañarse ni dar un aviso de sobrecarga. No dice absolutamente nada sobre lo fino que lee. Lo fino que lee lo dice la división, también llamada resolución o escalón de verificación, y es el salto mínimo entre dos lecturas consecutivas.

Qué es la división y por qué manda

Piensa en una regla. Si la regla solo tiene marcas de centímetro, puedes medir 12 cm o 13 cm, pero no 12,4 cm: la marca no existe. Da igual que la regla mida dos metros de largo, porque su longitud total no la vuelve más fina. Una báscula funciona exactamente igual. Una con capacidad de 5 kg y división de 1 g solo puede mostrar números enteros de gramo: 7, 8, 9. Nunca 8,3.

Esta ficha declara una división de 0,1 g, que en el mercado doméstico es fina. Significa que la pantalla puede mostrar 8,3 g y distinguirlo de 8,4 g. Ojo con la palabra «mostrar», que volveremos sobre ella: una cosa es lo que la pantalla es capaz de escribir y otra lo cerca que ese número esté de la masa real.

Por qué una báscula de 1 g no sirve para 2 g de levadura

Aquí es donde la teoría se convierte en un bizcocho que no sube. Imagina que la receta pide 2 g de levadura seca y tu báscula tiene división de 1 g. Cuando eches el polvo, la pantalla saltará de 1 a 2 y de 2 a 3, sin nada por medio. Ese salto de un gramo representa el 50 % de lo que quieres pesar. Es como si te pidieran medir 12 cm con una regla marcada solo cada 6 cm.

Y el problema se agrava, porque a la incertidumbre del escalón hay que sumarle el error propio del aparato en el extremo bajo de su escala, donde casi todas las básculas domésticas son peores. Una báscula pensada para llegar a 5 kg tiene una célula de carga dimensionada para ese rango: pedirle que se comporte con dos gramos es pedirle a una báscula de camiones que pese una carta. Con división de 0,1 g la situación mejora mucho, pero el principio sigue vigente: cuanto más te acercas al mínimo, menos fiable es la lectura relativa.

Resolución declarada frente a exactitud real

Una báscula puede mostrar décimas de gramo y aun así equivocarse en más de una décima. Son dos conceptos distintos que el marketing mezcla a propósito. La división es lo que el display puede escribir. La exactitud es lo cerca que está ese número de la masa verdadera, y depende de la calidad de la célula de carga, de la electrónica, de la temperatura ambiente, de la posición de la carga sobre la plataforma y del tiempo que lleva encendida.

En instrumentos sometidos a control legal esto está reglado: existen clases de exactitud y errores máximos permitidos que un organismo verifica. En una báscula doméstica, no. Esta ficha declara la división, pero no declara ningún error máximo ni clase de precisión, y no vamos a inventarnos un margen que nadie ha certificado. Lo honesto es decirte que trates la última décima como orientativa y que, si un gramo arriba o abajo te arruina el resultado, subas de categoría de aparato.

La división te dice cuántos decimales verás. La exactitud te dice cuántos de esos decimales puedes creerte. Ninguna ficha doméstica de esta categoría te certifica el segundo dato, así que ajusta tus expectativas y tus recetas.

Qué pasa si superas los 5 kg

Nada bueno. Al pasar de la capacidad máxima la báscula suele mostrar un aviso de sobrecarga y dejar de dar lecturas. Ese aviso es una protección, no un capricho: por encima del rango de trabajo la célula de carga puede deformarse de forma permanente y entonces el aparato ya no vuelve a cero nunca más, ni siquiera vacío. Es la avería más común y la más evitable.

La regla práctica es sencilla: suma mentalmente el recipiente antes de apoyarlo. Una cazuela de hierro fundido de 3 kg con dos litros de caldo ya son 5 kg justos. Y no se te ocurra apoyarte con la mano sobre la plataforma para mover la báscula mientras tiene carga encima, porque un empujón puntual mete un pico de fuerza muy superior al peso que estás pesando.

Tabla rápida: qué mirar según lo que peses

Orientación por tipo de uso. Las cifras de la columna «división recomendada» son criterios de categoría, no promesas de este producto.
UsoQué pesas y en qué rangoDivisión recomendadaCapacidad recomendadaLo que más molesta si te equivocas
Repostería y panHarinas 200-1.000 g, líquidos 100-500 g, levadura y sal 2-15 g0,1 g para los ingredientes pequeños; 1 g basta para el resto2-5 kgRedondear la levadura o la sal: el pan no sube o queda salado
Dieta y racionesPorciones de 30 a 400 g de arroz, pasta, proteína, frutos secos1 g es suficiente2-5 kgQue el bol grande se coma la capacidad y no puedas pesar el plato entero
Café de filtro15-30 g de café, 250-500 g de agua0,1 g2-3 kgEl apagado automático a mitad de vertido
EspressoDosis de 16-20 g, salida de 30-40 g en taza0,1 g con lectura rápida y temporizador1-2 kgQue la lectura tarde en estabilizarse mientras extraes
Cocina generalOllas, fuentes y cantidades de 500 g a 5 kg1 g de sobra5 kg o másSuperar la capacidad con el recipiente puesto
Fermentados y masa madreRatios de agua y harina de 50 a 900 g, sal de 8 a 20 g0,1 g para la sal, 1 g para el resto3-5 kgArrastrar error tras cuatro taras seguidas

Cómo funciona realmente una báscula digital de cocina

Debajo de la plataforma hay una pieza llamada célula de carga. Es un cuerpo metálico calculado para flexionar una cantidad diminuta y perfectamente conocida cuando le aplicas peso. Pegadas a ese metal van unas galgas extensométricas: rejillas conductoras muy finas que, al deformarse con el metal, cambian su resistencia eléctrica.

Ese cambio de resistencia es minúsculo, así que se mide con un montaje en puente que lo convierte en una diferencia de tensión de unos pocos milivoltios. Un convertidor analógico-digital traduce esa tensión a un número, y el microprocesador lo compara con los valores de fábrica para decidir qué escribir en la pantalla. Toda la cadena es analógica hasta ese punto, y por eso la calidad de la electrónica pesa tanto como la del metal.

Entender esto explica tres comportamientos que suelen desconcertar. El primero, por qué la lectura tarda un instante en «cuajar»: el aparato promedia varias muestras y espera a que dejen de moverse antes de darte un número, y si la encimera vibra nunca termina de decidirse. El segundo, por qué el resultado cambia un poco según dónde apoyes la carga: si la célula es única y está en el centro, una carga muy descentrada introduce un momento de flexión que el sensor no distingue del peso. Y el tercero, por qué conviene dejarla estabilizar cuando la traes de un sitio frío, porque la temperatura afecta al metal y a la electrónica.

Ese mismo mecanismo es el que se estropea cuando superas la capacidad. Si fuerzas la célula más allá de su rango elástico, el metal ya no recupera su forma y la báscula pierde el cero de forma permanente. Un aparato así no se «recalibra» apretando botones: está averiado.

Por qué la superficie donde la pones cambia el resultado

Una báscula mide la fuerza que la carga hace sobre su plataforma, y esa fuerza tiene que llegar limpia. Si la apoyas sobre un paño, sobre una tabla que se comba, sobre la junta entre dos baldosas o sobre la placa de inducción con sus relieves, parte del peso se reparte por caminos que la célula no ve, y la lectura sale corta, larga o inestable.

Colócala siempre sobre una encimera rígida y nivelada, con las cuatro patas apoyadas. Evita la zona junto al fregadero, donde salpica, y la contigua a los fogones, donde el calor sube. Comprueba que no toca la pared por detrás ni un bote por un lado, porque un roce basta para falsear la lectura. Y no peses con la báscula en la mano o sobre las rodillas: sostenerla introduce fuerzas variables que ningún filtro digital arregla.

Centrar la carga y otras manías que sí valen para algo

Apoya el recipiente en el centro de la plataforma, no en una esquina. Con boles anchos que sobresalen, asegúrate de que ninguna parte del recipiente toca la encimera, porque entonces estarás pesando una fracción del contenido y la báscula no tiene forma de avisarte. Añade los ingredientes despacio y sin golpear el bol: un cucharón que cae de golpe genera un pico que el filtro tiene que digerir, y por eso ves el número dispararse y volver.

El vidrio templado que declara esta ficha ayuda en lo suyo: es rígido, no absorbe olores y se limpia de un pasada. A cambio resbala más que el plástico rugoso, así que con recipientes de base lisa y contenido líquido conviene ir con cuidado. Y como toda plataforma continua, tapa la pantalla cuando pones encima algo grande, un problema práctico que se resuelve tarando antes y leyendo de lado.

Regla que ahorra devoluciones: casi todos los «fallos» de una báscula de cocina no son fallos. Son un paño debajo, una encimera que cede, un bol que roza la pared o un recipiente caliente. Cambia la superficie antes de cambiar el aparato.

Unidades: g, kg, lb, oz y el modo ml que engaña

Esta ficha declara cuatro unidades de lectura: gramos, onzas, mililitros y libras. Tres de ellas son unidades de masa y se comportan como esperas. La cuarta, el mililitro, no lo es, y ahí es donde la gente se lleva el disgusto.

Gramos y kilos

Es el modo por defecto y el que deberías usar casi siempre en la cocina europea. El gramo es unidad de masa, no depende del recipiente ni del ingrediente y hace que cualquier receta sea reproducible. Muchas básculas pasan sola de gramos a kilos a partir de 1.000 g, lo que es cómodo para cantidades grandes pero te hace perder decimales por el camino: con la lectura en kilos verás 1,23 kg donde antes veías 1.234 g. Si estás pesando algo que necesita detalle, mantente en gramos aunque el número sea largo.

Libras y onzas: cuidado con las recetas anglosajonas

La onza de masa equivale a unos 28,35 g y la libra a unos 453,6 g. Tener el modo oz a mano ahorra conversiones cuando sigues una receta estadounidense o británica, sobre todo en repostería, donde las cantidades vienen en onzas con fracciones raras. La trampa está en que en el mundo anglosajón conviven la onza de masa y la fluid ounce, que es de volumen y no vale lo mismo según hables de Estados Unidos o del Reino Unido. Si la receta dice «8 fl oz de leche», eso es volumen y tu báscula no lo mide; si dice «8 oz de harina», eso sí es masa y el modo oz te vale.

El modo ml: la báscula no mide volumen, lo calcula

Aquí está el malentendido más extendido de toda la categoría. Una báscula de cocina no sabe medir volumen: no tiene forma de saber cuánto espacio ocupa lo que le pones encima. Lo único que hace en modo ml es pesar y dividir el resultado por la densidad del agua, que es de un gramo por mililitro. Con agua el truco es exacto. Con cualquier otra cosa, no.

Los desvíos son grandes y van en las dos direcciones. El aceite de oliva ronda los 0,91-0,92 g por mililitro, así que 100 g de aceite ocupan cerca de 110 ml: si te fías del modo ml te quedarás corto de aceite. La miel se mueve alrededor de 1,4 g por mililitro, de modo que el modo ml te dará bastante más de lo que hay. La leche entera queda muy cerca del agua y ahí el error es tolerable. Y la harina es el caso extremo, porque su densidad aparente depende de si la has tamizado, apelmazado o sacado a cucharadas del paquete: no hay un número estable que aplicar.

Densidades orientativas a temperatura ambiente, para entender la magnitud del desvío. Redondeadas a propósito: no las uses como valores de laboratorio.
IngredienteDensidad aproximada (g/ml)100 g equivalen aQué pasa si usas el modo ml
Agua1,00100 mlCorrecto: es la referencia del modo
Leche entera≈ 1,03≈ 97 mlDesvío pequeño, tolerable en cocina
Aceite de oliva≈ 0,91≈ 110 mlTe quedas corto de aceite alrededor de un 9 %
Miel≈ 1,4≈ 71 mlTe pasas de largo: casi un 40 % de más
Harina de trigo (a granel)≈ 0,5-0,6≈ 170-200 mlSin valor fijo: depende de cómo la manipules

Conclusión práctica: usa el modo ml solo para agua y, como mucho, para leche. Para todo lo demás pesa en gramos y convierte tú si la receta insiste en darte volúmenes. Y si una receta te pide «una taza» de algo, busca su equivalencia en gramos antes de empezar, porque la taza estadounidense de 240 ml y la que tienes en el armario no tienen nada que ver.

Cambiar de unidad sin perder la tara

En la mayoría de básculas, el botón de unidad rota entre los modos disponibles y conserva la lectura convertida, pero no todas mantienen la tara al cambiar. Si vas a alternar entre gramos y mililitros dentro de la misma receta, prueba primero en vacío para ver cómo se comporta la tuya: coloca un bol, tara, cambia de unidad y comprueba si sigue marcando cero. Si no lo hace, decide la unidad antes de empezar y no la toques hasta terminar.

Apagado automático, batería y limpieza: el día a día

Las tres cosas que más discusiones generan en las reseñas de básculas de cocina no son la precisión ni el diseño: son que se apaga sola, que se queda sin energía y que alguien la ha metido bajo el grifo. Vamos por partes.

El apagado automático y su incordio al pesar despacio

El apagado automático existe para no gastar batería cuando te olvidas del aparato encendido. La lógica es simple: si la lectura no cambia durante un intervalo, la báscula se apaga sin avisar. Sobre el papel es una función amable. En la práctica es la queja número uno de cualquier báscula de cocina, porque se activa justo en los momentos en que cocinar es cocinar: te giras a buscar el bote de canela, contestas al telefonillo, te paras a leer el siguiente paso de la receta, o viertes agua a hilo muy despacio sobre el café y la báscula decide que ya no haces nada.

Cuando se apaga a mitad de una secuencia de taras, la cuenta acumulada desaparece y no hay forma de recuperarla. La única manera de convivir con ello es organizarse: prepara todos los ingredientes delante antes de encender, pesa seguido y, si se te apaga, vuelve a encender con el bol encima, pulsa tara y continúa desde ese punto, contando ese ingrediente aparte. Esta ficha no declara el tiempo de apagado ni si es configurable, así que compruébalo tú los primeros días para saber con cuánto margen trabajas.

Alimentación: aquí se declara USB-C, no pilas

Esta ficha declara alimentación recargable por USB-C. Lo que eso te resuelve es el clásico «no funciona justo hoy» de las pilas de botón agotadas y el gasto continuo de reponerlas. Lo que te añade es la obligación de acordarte de cargarla de vez en cuando y de tener un cable a mano; un cable USB-C cualquiera sirve, aunque los muy baratos que solo transmiten datos pueden cargar despacio o no cargar, y es el primer sospechoso cuando una báscula «no enciende».

No consta en la ficha ni la capacidad de la batería ni la autonomía, así que no te vamos a dar meses ni ciclos. Lo que sí puedes hacer es lo mismo que con cualquier aparato con batería de litio: no la dejes descargada del todo durante meses, no la cargues encima de una fuente de calor y desconéctala cuando termine.

Y si tu báscula lleva pilas: sustitución y cuidados

Muchas básculas de cocina de esta franja siguen funcionando con dos pilas AAA o con una pila de botón de litio del tipo CR2032. Si es tu caso, hay tres cosas que conviene saber. La primera, que el síntoma de pila baja rara vez es que no encienda: lo habitual es un icono de batería o, peor, lecturas inestables que parecen una avería de la célula de carga y no lo son. La segunda, que la sustitución se hace por una tapa en la base, casi siempre con un pequeño clip o un tornillo, y que hay que respetar la polaridad marcada. Y la tercera, que si vas a guardar la báscula varios meses conviene sacar las pilas, porque una pila agotada puede derramar electrolito dentro del compartimento y corroer los contactos hasta dejar el aparato inservible.

Limpieza: nunca sumergirla

Debajo de la plataforma hay electrónica, una batería y una célula de carga. Nada de eso lleva bien el agua. Una báscula de cocina no se sumerge, no se pone bajo el grifo y no entra en el lavavajillas, por muy resistente que parezca el vidrio. Ese daño, además, es uso indebido y no lo cubre la garantía.

El procedimiento correcto es aburrido y funciona: un paño ligeramente húmedo, escurrido, pasado por la plataforma y secado inmediatamente. Para restos pegados de masa o azúcar, un poco de jabón neutro sobre el paño, nunca vertido sobre el aparato. Nada de estropajos metálicos, polvos abrasivos ni disolventes sobre el vidrio templado. Presta atención a los bordes de la plataforma y a la zona del puerto de carga, que es por donde se cuela el líquido. Y si vas a pesar algo pringoso, pon un papel de horno encima y taralo: pesa unos gramos y te ahorra la limpieza.

Cómo guardarla

De canto en un cajón está bien, siempre que no le caiga peso encima ni quede aprisionada entre cacharros pesados. Lo que no debes hacer es guardarla debajo de una pila de sartenes: la presión constante sobre la plataforma no le hace ningún favor a la célula de carga. Y evita los sitios con humedad alta o cambios bruscos de temperatura, como el hueco encima del horno.

Por qué no puedes vender a peso con esta báscula

Este apartado es el que más disgustos evita, y curiosamente casi ninguna ficha de producto lo menciona. Una báscula de cocina doméstica no sirve para determinar el precio en una transacción comercial. No es una cuestión de si mide mejor o peor: es que la ley exige otra cosa.

Instrumento doméstico frente a instrumento de metrología legal

Cuando el resultado de una pesada sirve para cobrar, para liquidar impuestos, para una prescripción o para un peritaje, el instrumento entra en el ámbito del control metrológico legal. En la Unión Europea, los instrumentos de pesaje de funcionamiento no automático, que es la familia a la que pertenecen las básculas de mostrador, están regulados por la Directiva 2014/31/UE. En España se traspone mediante el Real Decreto 244/2016, dentro del marco de la Ley 32/2014 de Metrología.

Ese régimen obliga a que el instrumento pase una evaluación de conformidad antes de venderse, a que lleve el marcado CE acompañado de la letra M de metrología legal y del año, a que pertenezca a una clase de exactitud determinada (en comercio minorista, habitualmente la clase III) y a que se someta a verificaciones periódicas y tras reparación, competencia de las comunidades autónomas. La báscula doméstica no pasa por nada de eso.

Qué significa en la práctica

Si tienes un puesto en un mercado, un obrador que vende a granel, una tienda de frutos secos, una charcutería, una cafetería que vende café por peso o cualquier negocio en el que el cliente paga en función de lo que marca la pantalla, necesitas una báscula homologada y verificada. Usar una doméstica es una infracción en materia de metrología y de defensa del consumidor, y las inspecciones lo miran.

Hay usos profesionales que sí admiten una báscula doméstica sin problema, porque no determinan el precio: pesar ingredientes en la cocina de un restaurante para escandallos internos, controlar mermas, dosificar en un obrador para uso propio o llevar el registro de una receta. La frontera es siempre la misma: en cuanto el número decide lo que paga un tercero, cambia la categoría del aparato.

La pregunta no es si tu báscula mide bien, sino quién paga en función de lo que marca. Si paga un cliente, hace falta un instrumento verificado; si pagas tú, con una doméstica vas sobrado.

El envío y el peso de los paquetes

Mismo razonamiento para quien pesa paquetes antes de enviarlos. Puedes usar esta báscula para hacerte una idea del tramo de tarifa, pero el peso que factura el transportista es el que registra su propio sistema, y esa lectura sí sale de un equipo sometido a control. Si tu paquete se queda en el borde de un tramo, cuenta con que el cargo final no coincida exactamente con lo que viste en casa. Y ten en cuenta el límite físico: con 5 kg de capacidad, muchas cajas de envío se salen del rango.

Qué mirar según tu uso: repostería, dieta y café

Las mismas dos cifras, capacidad y división, pesan distinto según lo que cocines. Aquí va el criterio por perfiles, con las trampas concretas de cada uno.

Repostería y panadería

Es el uso más exigente de la cocina doméstica, porque la repostería funciona por proporciones y no perdona. La harina, el azúcar y los líquidos van en cantidades grandes y toleran bien un gramo arriba o abajo. El problema está en los ingredientes que actúan en cantidades minúsculas: levadura seca, bicarbonato, impulsor, sal, gelatina en polvo. Ahí una división de 1 g te deja vendido y una de 0,1 g te salva la receta.

Si haces pan con masa madre, además, trabajarás con el llamado porcentaje de panadero, que expresa cada ingrediente como porcentaje del peso de la harina. Ese sistema solo funciona si pesas todo, incluida el agua, y con una báscula que no se apague mientras vas vertiendo. La capacidad de 5 kg te permite pesar directamente sobre el bol de amasado en lugar de ir trasvasando, siempre contando el peso del bol.

Dieta y control de raciones

Aquí la precisión fina importa menos de lo que la gente cree. Nadie necesita una décima de gramo para pesar 80 g de arroz, y las tablas nutricionales que usas ya llevan su propio margen. Lo que sí importa es la comodidad: capacidad suficiente para poner el plato entero encima, tara rápida para ir sirviendo y una pantalla que se lea con el plato puesto.

Un consejo práctico que ahorra frustraciones: pesa los alimentos en crudo y anota el dato, porque el peso cocinado depende del agua que absorba o pierda cada preparación, y comparar un peso en crudo con una tabla de cocinado descuadra las cuentas. Y si tienes que pesar en un plato grande, comprueba antes que no desborda la plataforma.

Café de especialidad

El café es el uso doméstico que más agradece la décima de gramo. Para métodos de filtro se trabaja con ratios del tipo 1 a 15 o 1 a 17 entre café y agua, y una báscula que lea 0,1 g te permite clavar tanto la dosis de molido como el agua vertida. Con 5 kg de capacidad puedes poner encima la jarra entera sin acercarte al límite.

Para espresso la cosa cambia. Se ajustan dosis de 16 a 20 g y salidas de 30 a 40 g afinando medio gramo, se pesa dentro de la taza mientras la máquina extrae, y lo que separa a una báscula buena de una mediocre no es la resolución sino la rapidez con la que la lectura se estabiliza y el hecho de tener temporizador integrado. Esta ficha no declara ni tiempo de respuesta ni cronómetro, así que si el espresso es lo tuyo, mira una báscula específica de barista y deja esta para la cocina.

Conservas, fermentados y salazones

Cualquier preparación que dependa de un porcentaje de sal sobre el peso total (encurtidos, chucrut, salmueras, embutido casero) necesita pesar bien tanto la masa grande como la sal. Es el escenario donde la combinación de 5 kg de capacidad y 0,1 g de división tiene más sentido, porque pesas dos órdenes de magnitud distintos con el mismo aparato. Eso sí, en preparaciones donde la seguridad alimentaria depende del porcentaje exacto, no te fíes solo de la última décima de una báscula doméstica sin error certificado: trabaja con margen y sigue una receta contrastada.

Compra, garantía y devolución: lo que te ampara por ley

Terminamos por la parte aburrida, que es la que de verdad te protege si algo sale mal. Y conviene decirlo con precisión, porque en esta categoría circulan muchas medias verdades.

Garantía legal de conformidad: 3 años

Desde la entrada en vigor del Real Decreto-ley 7/2021, las compras realizadas a partir del 1 de enero de 2022 tienen una garantía legal de conformidad de 3 años desde la entrega, no de dos. Durante los dos primeros años se presume que cualquier falta de conformidad que se manifieste ya existía en el momento de la entrega, de modo que no tienes que demostrar nada: es el vendedor quien tendría que probar lo contrario. En el tercer año la carga de la prueba se invierte, pero el derecho sigue vivo.

En una báscula, las averías típicas que entran en garantía son que deje de volver a cero en vacío, que la pantalla pierda segmentos, que la batería no cargue o que la lectura derive de forma sistemática. Lo que no entra es el daño por agua, por sobrecarga o por golpe, que son uso indebido.

Desistimiento: 14 días naturales y sí puedes abrir la caja

Por tratarse de una compra a distancia dispones de 14 días naturales para desistir sin dar ninguna explicación, conforme a los artículos 102 a 108 del Real Decreto Legislativo 1/2007. El plazo cuenta desde que recibes el producto, no desde que lo pides.

Y aquí está la cláusula que hay que desmontar, porque aparece en media internet: no es cierto que solo puedas devolver el producto «precintado y en su embalaje original». La ley te permite manipular el producto lo necesario para comprobar su naturaleza, características y funcionamiento, igual que harías en una tienda física. Puedes abrir la caja, encender la báscula, cargarla, tarar un bol y comprobar que vuelve a cero. Lo único que la ley contempla es que respondas de la disminución de valor si la manipulas más allá de esa comprobación, por ejemplo si la usas durante dos semanas o la rayas. Conservar la caja ayuda a devolverla sin daños, pero no es un requisito para ejercer el derecho.

Qué comprobar en los primeros días

Aprovecha esos 14 días para hacer las cuatro comprobaciones que valen: que enciende y marca cero en vacío sobre una superficie plana; que al retirar un peso vuelve a cero sin quedarse enganchada; que la tara funciona varias veces seguidas sin perder la referencia; y que la lectura de un mismo objeto se repite si lo pones y lo quitas cinco veces. Si algo de eso falla, estás en plazo y en tu derecho.

Resumen honesto: para qué sirve y para qué no

Una báscula digital de cocina de 5 kg con tara y pantalla LCD resuelve el noventa y tantos por ciento de lo que se pesa en una casa: harinas, azúcares, líquidos, raciones, masas, café de filtro, conservas. La tara es la función que más vas a usar y la que más tiempo te ahorra, porque te permite encadenar ingredientes en un solo bol. La capacidad de 5 kg te deja meter el recipiente sin hacer malabares, siempre recordando que el bol también cuenta. Y la división de 0,1 g que declara esta ficha te da margen en las cantidades pequeñas, que es justo donde fallan las básculas de gramo entero.

No sirve para pesar uno o dos gramos con garantías certificadas, porque en esta ficha no consta ningún error máximo ni clase de exactitud, y en el extremo bajo de la escala cualquier báscula doméstica es menos fiable. No sirve para pasar de cinco kilos. No sirve para cobrar a peso a un cliente, por muy bien que mida, porque eso exige un instrumento sometido a control metrológico legal. Y no sirve como medidor de volumen: el modo ml solo acierta con agua.

Si lo que buscas encaja con la primera lista, es la herramienta adecuada. Si algo de la segunda lista describe tu caso, mejor que lo sepas ahora y compres otra cosa, aunque no la vendamos aquí. Preferimos perder una venta antes que colocarte un aparato que no hace lo que necesitas.