Qué es analizar un producto (y qué no es)
Analizar un producto es un trabajo de contraste. Tienes tres fuentes que dicen cosas distintas: el fabricante, que describe el producto en su mejor día; la tienda, que describe la venta; y quien ya lo compró, que describe su experiencia con una unidad concreta. Ninguna de las tres te sirve sola. El análisis consiste en cruzarlas con una cuarta que casi nadie escribe: para qué lo quieres tú.
Ese cuarto elemento es el que decide. Un secador de 2.400 W es una barbaridad para quien tiene el pelo corto y una compra razonable para una peluquería. Un portátil con pantalla mate y 32 GB de memoria es dinero tirado para quien solo abre el correo. Cuando lees una comparativa que ordena productos del mejor al peor sin preguntarte para qué lo usas, estás leyendo una lista de afiliación, no un análisis.
Lo que no es analizar un producto: leer la primera reseña que sale en Google, comparar cifras de potencia entre marcas que las miden de forma distinta, fiarse de la nota media de una tienda que no verifica quién opina, o dejar que el precio tachado te marque el rango. Ninguna de esas cuatro cosas aporta información; solo produce la sensación de haber investigado.
El nombre confunde: hay tres análisis distintos
La expresión «análisis de producto» se usa para tres cosas que no tienen nada que ver entre sí, y por eso las búsquedas se mezclan:
- Análisis como comprador. Decidir si un producto concreto te compensa. Es lo que cubre esta guía.
- Análisis como vendedor o fabricante. Estudiar un producto propio o de la competencia para posicionarlo, fijar precio o detectar huecos. Lo tratamos en el último bloque, porque el método de comparación es el mismo con las variables cambiadas de sitio.
- Análisis del ciclo de vida. En ingeniería ambiental mide el impacto de un producto de la cuna a la tumba con la metodología de las normas ISO 14040 y 14044; en marketing designa las fases de introducción, crecimiento, madurez y declive. Es otra disciplina con el mismo nombre coloquial, y la tienes explicada aparte en nuestra guía sobre el análisis del ciclo de vida de un producto.
Si has llegado buscando huella de carbono, unidad funcional o fases comerciales, esa segunda guía es la tuya. Si has llegado porque tienes que decidir entre tres modelos y no sabes cuál, sigue aquí.
Transparencia. En Producto.Top no tenemos laboratorio ni hacemos ensayos propios, y no publicamos notas numéricas sobre pruebas que no existen. Lo que encontrarás aquí es método de decisión y lectura crítica de la documentación pública de cada producto: ficha técnica, normas aplicables, condiciones de garantía y letra pequeña. Cuando citemos una cifra, tendrá detrás una norma o una fuente que puedes comprobar tú.
El método en siete pasos: de la necesidad a la matriz de decisión
El orden importa más de lo que parece. La mayoría de compras malas no vienen de comparar mal, sino de comparar tarde: primero se ve un producto, luego se buscan razones para justificarlo. Invertir ese orden es la mitad del trabajo.
Paso 1: escribe el trabajo que tiene que hacer
Una frase, sin nombres de marca ni de tecnología. «Aspirar 90 metros cuadrados con dos gatos y suelo mixto de parqué y baldosa, tres veces por semana». «Cortar leña fina para una chimenea, unas veinte veces al invierno». Esa frase es tu especificación real y la vas a usar como filtro en todos los pasos siguientes. Si no eres capaz de escribirla, todavía no estás comprando: estás mirando escaparates, que es una actividad legítima pero distinta.
Paso 2: separa lo obligatorio de lo deseable
Haz dos listas cortas. En la primera, los requisitos que descalifican: medidas que tienen que caber, compatibilidades, potencia mínima, límite de presupuesto. En la segunda, lo que suma pero no decide. El error clásico es meter en la primera lista cosas que en realidad son de la segunda, y acabar pagando un 40 % más por un requisito autoimpuesto que nunca vas a usar.
Paso 3: pondera los criterios antes de ver precios
Aquí es donde el método se separa de la intuición. Asigna un peso a cada criterio de forma que sumen 100, y hazlo antes de tener candidatos delante. Si ponderas después, ajustarás inconscientemente los pesos para que gane el que ya te gustaba. Esta tabla es un punto de partida razonable para un bien duradero de uso doméstico; súbela o bájala según tu caso.
| Criterio | Peso | Cómo puntuarlo de 1 a 5 | Error típico al valorarlo |
|---|---|---|---|
| Ajuste al uso real que le vas a dar | 30 | 5 si cubre tu frase del paso 1 sin sobrar ni faltar; 1 si te obliga a cambiar tu forma de usarlo | Puntuar alto por prestaciones que no vas a tocar |
| Coste total de propiedad a 5 años | 25 | 5 al más barato de la lista una vez sumados consumibles, energía y recambios | Comparar precios de etiqueta y olvidar el consumible |
| Fiabilidad y disponibilidad de repuestos | 15 | 5 si hay despiece, repuestos a la venta y reparación posible sin cambiar el conjunto | Confundir marca conocida con reparable |
| Servicio posventa y condiciones de garantía | 10 | 5 si hay servicio técnico identificable, plazo claro y devolución sin pegas | Dar por hecho que todas las tiendas responden igual |
| Especificaciones verificables | 10 | 5 si los datos vienen con unidad, norma y condiciones de ensayo | Aceptar cifras de pico como si fueran nominales |
| Reseñas una vez filtradas | 5 | 5 si las críticas negativas son menores y se repiten poco | Mirar la nota media en lugar de la distribución |
| Ergonomía, ruido, acabado y otros intangibles | 5 | 5 si lo has probado o hay descripciones concretas y coincidentes | Que este apartado se coma la decisión entera |
Paso 4: elige tres candidatos, no diez
Tres opciones bastan para tener referencia y cinco es el techo práctico. Con dos no sabes qué es caro o barato en esa categoría. A partir de seis, la calidad de la decisión deja de mejorar y solo crece el cansancio, que es exactamente lo que explota el mensaje de «quedan 2 unidades». Selecciona los tres candidatos aplicando los requisitos descalificantes del paso 2 y olvídate del resto del catálogo.
Paso 5: rellena la matriz de decisión
Puntúa cada candidato de 1 a 5 en cada criterio, multiplica por el peso y suma. Se hace en un folio o en una hoja de cálculo en diez minutos, y su valor no está tanto en el número final como en que te obliga a puntuar apartados que ibas a saltarte. Este es el aspecto que tiene una matriz terminada, con opciones anónimas para que veas el mecanismo:
| Criterio (peso) | Opción A gama de entrada | Opción B gama media | Opción C gama alta |
|---|---|---|---|
| Ajuste al uso real (30) | 3 → 90 | 5 → 150 | 5 → 150 |
| Coste total a 5 años (25) | 4 → 100 | 5 → 125 | 2 → 50 |
| Fiabilidad y repuestos (15) | 2 → 30 | 4 → 60 | 5 → 75 |
| Posventa y garantía (10) | 2 → 20 | 4 → 40 | 5 → 50 |
| Especificaciones verificables (10) | 2 → 20 | 4 → 40 | 5 → 50 |
| Reseñas filtradas (5) | 3 → 15 | 4 → 20 | 4 → 20 |
| Intangibles (5) | 3 → 15 | 3 → 15 | 5 → 25 |
| Total | 290 | 450 | 420 |
Fíjate en lo que enseña el ejemplo: la opción cara gana en casi todos los criterios y aun así pierde, porque el coste total pesa 25 y ahí se hunde. Ese es el patrón más frecuente en bienes de uso doméstico, y el motivo por el que la gama media suele ganar cuando se puntúa con honestidad.
Paso 6: haz la prueba de la eliminación
Antes de cerrar, quita el criterio con más peso y vuelve a sumar. Si el ganador cambia, tu decisión depende por completo de una sola variable y conviene que la verifiques a fondo. Si el ganador se mantiene, la decisión es robusta y puedes dejar de darle vueltas. Este control de cinco minutos ahorra muchas semanas de duda.
Paso 7: fija el momento de comprar y cúmplelo
Decide antes de empezar cuánto tiempo vas a dedicar al análisis. Para una compra de gama baja, una tarde. Para un bien duradero de varios cientos de euros, una semana. Pasado el plazo, compra el ganador de la matriz. Alargar la investigación indefinidamente no mejora la decisión: la sustituye por la ansiedad de no equivocarse, que es otra cosa.
La mejor señal de que un análisis está terminado no es haber leído todas las reseñas, sino ser capaz de explicar en dos frases por qué descartaste a los otros dos candidatos.
Cómo leer una ficha técnica sin tragarte las especificaciones infladas
Una ficha técnica es un documento comercial escrito con vocabulario de ingeniería. Eso la hace muy fácil de manipular sin mentir: basta con elegir qué medir, en qué condiciones y con qué unidad. Aprender a leerla es la habilidad que más rendimiento da de toda esta guía.
La regla de las tres preguntas
Ante cualquier cifra, pregunta tres cosas: ¿en qué unidad está?, ¿bajo qué norma se ha medido? y ¿en qué condiciones?. Un dato que responde a las tres es una medición y sirve para comparar. Un dato que falla en alguna es una afirmación comercial. Y un dato precedido de «hasta» ya te está avisando de que es el mejor resultado obtenido en el mejor escenario posible, no lo que vas a obtener tú.
| Lo que dice la ficha | Lo que significa en realidad | Qué preguntar o comprobar |
|---|---|---|
| «Hasta 12 horas de autonomía» | El mejor resultado en el escenario más favorable del fabricante, casi siempre con el consumo mínimo | Con qué carga de trabajo se midió; busca en las reseñas la autonomía en uso continuo |
| «Potencia 2.000 W» | Puede ser potencia nominal, de pico o de entrada; en audio, potencia PMPO no dice nada útil | Compara nominal con nominal y RMS con RMS; si no lo aclaran, no compares |
| «Resistente al agua» | Sin código IP, no significa nada exigible | Busca el código IP de la norma IEC 60529 e infórmate de qué cubre exactamente |
| «IPX4» frente a «IP68» | IPX4 protege contra salpicaduras desde cualquier dirección; IP68 admite inmersión en las condiciones que fije el fabricante | Lee la profundidad y el tiempo declarados: IP68 no es un valor único |
| «Capacidad 10.000 mAh» | Capacidad de las celdas, no energía entregada; en un cargador portátil se pierde una parte en la conversión | Busca la energía en vatios-hora (Wh), que sí es comparable entre modelos |
| «Acero inoxidable» | Puede ser el chasis entero o solo el embellecedor frontal | Pregunta qué piezas son de acero y cuáles de plástico con acabado metalizado |
| «Clase energética A» | Desde el reescalado de la etiqueta europea, la A vuelve a ser exigente y muchos productos buenos están en C o D | Mira el consumo anual absoluto que figura en la etiqueta, no solo la letra |
| «Compatible con todos los modelos» | Compatible con los que el fabricante ha probado hasta la fecha de la ficha | Busca la lista concreta de compatibilidades y su fecha de actualización |
| «Un 40 % más eficiente» | Comparación con algo que no se nombra, con frecuencia el modelo anterior de la propia marca | Exige el término de comparación; sin él, el porcentaje no es información |
Lo que falta también es información
En una ficha, los huecos hablan. Si un electrodoméstico no publica su nivel sonoro en decibelios, suele ser ruidoso. Si una herramienta no da el peso, suele pesar. Si un producto con batería no indica si es reemplazable, casi siempre va pegada. Si no hay despiece ni catálogo de repuestos, la reparación pasará por sustituir el conjunto. Ninguna de estas ausencias es una prueba, pero tres juntas son un patrón bastante fiable.
Fotos, renders y medidas
Comprueba siempre las dimensiones en milímetros antes que la foto. La escala en las imágenes de catálogo es engañosa por diseño, y una parte enorme de las devoluciones se debe a productos que no caben o que son mucho más pequeños de lo que parecían. Si el vendedor solo publica renders y ninguna foto real del producto en un entorno con referencias de tamaño, ya sabes algo.
Reseñas: cómo separar la opinión útil del ruido pagado
Las valoraciones son la parte del análisis más contaminada y, a la vez, la única fuente que habla del producto después de seis meses de uso. La solución no es ignorarlas, sino leerlas al revés de como están ordenadas.
Señales de manipulación
| Aspecto | Reseña útil | Reseña sospechosa |
|---|---|---|
| Distribución de estrellas | Campana con mayoría de cuatro y cinco y una cola razonable de tres | Forma de U: casi todo cinco y uno, con el centro vacío |
| Fechas | Repartidas a lo largo de los meses | Cincuenta valoraciones concentradas en tres días |
| Contenido | Menciona el uso concreto, cuánto tiempo lleva con él y alguna pega | Adjetivos genéricos, ninguna pega, elogios al envío en lugar de al producto |
| Vocabulario | Cada una escrita a su manera | Frases calcadas o estructura idéntica entre reseñas distintas |
| Perfil de quien opina | Historial variado de compras | Cuenta sin historial o que solo valora productos de la misma marca |
| Coherencia con la ficha | Los detalles que cuenta coinciden con las especificaciones | Describe funciones que el producto no tiene o un modelo distinto |
| Relación con el listado | Habla del producto de la página | Reseñas heredadas de otra variante o de otro artículo del mismo vendedor |
La rutina de lectura que funciona
- Ordena por más recientes. Un producto con un lote defectuoso o un cambio de fabricante lo enseña en las últimas semanas, no en la media histórica.
- Lee las de tres estrellas. Son las más honestas: alguien que ni odia ni idolatra el producto y explica dónde flojea.
- Busca la avería repetida. Si diez personas distintas mencionan la misma pieza, esa pieza es el punto débil del diseño y sabrás cuándo va a fallar.
- Ignora las reseñas del envío. Valoran a la tienda o a la mensajería, no al producto, y ensucian la media en ambas direcciones.
- Comprueba si el listado ha cambiado de producto. Cuando las reseñas antiguas hablan de un artículo distinto, la nota media no vale nada.
Qué dice la ley sobre las reseñas
Desde la trasposición de la Directiva Ómnibus al texto refundido de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, quien publica valoraciones tiene obligaciones concretas. Una tienda puede publicar reseñas sin verificar, pero está obligada a informar de si comprueba que proceden de compradores reales y de cómo lo hace. Afirmar que las reseñas están verificadas sin haberlo comprobado, publicar reseñas falsas o encargarlas a terceros son prácticas comerciales desleales. También lo es ocultar sistemáticamente las negativas.
Traducido a tu decisión: cuando una tienda explica su método de verificación, sus valoraciones pesan más en la matriz. Cuando no dice nada, bájale la puntuación a ese criterio y busca la opinión fuera, en foros y comunidades donde nadie cobra por escribir.
Una nota media de 4,8 sin distribución visible ni fechas es menos informativa que tres reseñas de tres estrellas bien escritas.
Relación calidad-precio y coste total de propiedad
El precio de etiqueta es el peor indicador que existe para comparar productos duraderos, porque solo mide el primer pago. Lo que decide si una compra fue buena es el coste total de propiedad: todo lo que gastas desde que lo compras hasta que lo tiras, dividido entre los años que te dura.
Las seis partidas que hay que sumar
- Precio de compra, con IVA incluido y con los gastos de envío que correspondan.
- Consumibles. Cartuchos, filtros, bolsas, cápsulas, cuchillas, sacos. Es la partida que más veces convierte un producto barato en el más caro de la lista, porque el margen del fabricante suele estar aquí y no en el aparato.
- Energía o combustible. Se calcula con el consumo declarado y las horas de uso reales, no con las del ensayo del fabricante.
- Mantenimiento y recambios. Piezas de desgaste, revisiones, mano de obra si no puedes hacerlo tú.
- Accesorios y suscripciones necesarios. Si el producto pierde funciones sin una cuota mensual, esa cuota es parte del precio.
- Coste de reposición. El día que muera, vuelves a pagar. Un producto que dura el doble reparte esa reposición entre el doble de años.
Cómo se hace el cálculo
Ponlo todo a la misma escala temporal, normalmente cinco años para un bien duradero doméstico. Supón que comparas dos aparatos: uno cuesta la mitad que el otro, pero su consumible cuesta el triple y lo cambias cada dos meses. Multiplica el consumible por treinta cambios en cinco años y suma el precio de compra en ambos casos. En cuanto ese producto usa consumibles con frecuencia, el barato deja de serlo mucho antes de terminar el periodo. Este cálculo no necesita cifras de mercado: necesita las tuyas, con el precio real del consumible que vas a comprar tú y la frecuencia con la que lo vas a usar.
La conclusión práctica se repite en casi todas las categorías: la gama de entrada compensa cuando el uso es esporádico o cuando el producto es de moda y lo vas a cambiar por gusto; la gama media compensa en uso habitual; la gama alta compensa cuando la usas a diario, cuando trabajas con ella o cuando la reparabilidad alarga tanto la vida útil que la reposición desaparece de la cuenta.
Vida útil y reparabilidad
Antes de comprar, busca tres cosas: si existe catálogo de repuestos accesible al público, si hay instrucciones o despieces disponibles, y si la batería o las piezas de desgaste se cambian sin sustituir el conjunto entero. Un producto reparable no solo dura más, también se vende mejor de segunda mano, y ese valor residual es parte de lo que recuperas.
La normativa europea de ecodiseño obliga desde hace años a que ciertas categorías de electrodomésticos tengan repuestos disponibles durante un periodo mínimo tras dejar de fabricarse y a que los profesionales tengan acceso a la información de reparación. Comprueba qué obligaciones aplican a la categoría concreta que estás mirando: cambian bastante de un producto a otro.
Un producto barato que se tira es una suscripción disfrazada de compra: pagas otra vez cada vez que se rompe, y nunca aparece en el precio que comparaste.
Garantía, devolución y posventa: lo que la ley te da en España
Este bloque decide más compras de lo que la gente cree, porque es donde se ve si detrás del producto hay alguien. Y también es donde más letra pequeña ilegal circula por las tiendas: conviene que conozcas tus derechos para detectarla.
| Derecho | Plazo | Norma | Detalle que conviene saber |
|---|---|---|---|
| Garantía legal de conformidad (bienes) | 3 años desde la entrega | RDL 7/2021, que modifica el RDL 1/2007 | Se aplica a compras hechas a partir del 1 de enero de 2022 |
| Presunción de falta de conformidad | 2 años | RDL 1/2007 | En ese periodo no tienes que demostrar que el defecto venía de origen |
| Plazo para reclamar tras detectar el defecto | 5 años desde que se manifiesta | RDL 1/2007 | La acción para exigir el cumplimiento prescribe a los cinco años |
| Desistimiento en compra a distancia | 14 días naturales | RDL 1/2007, arts. 102 a 108 | Sin justificar el motivo y sin penalización |
| Ampliación si no te informan del desistimiento | 12 meses adicionales | RDL 1/2007, art. 105 | El plazo se dispara si el vendedor omite la información previa |
| Devolución del dinero tras desistir | 14 días naturales | RDL 1/2007, art. 107 | Incluye el envío estándar de ida; el de vuelta lo pagas tú solo si te informaron |
| Servicio técnico y repuestos | 10 años desde el fin de fabricación | RDL 1/2007, art. 127 bis | Obligación del productor, no de la tienda |
Tres años de garantía, no dos
Muchas fichas y muchos anuncios siguen diciendo dos años. Para bienes comprados desde el 1 de enero de 2022, la garantía legal de conformidad es de tres años desde la entrega. Durante los dos primeros se presume que el defecto ya existía cuando lo recibiste, así que la carga de la prueba no es tuya; en el tercero la presunción decae y puede pedírsete que acredites el origen del fallo. La garantía la debe el vendedor, no el fabricante, y ahí es donde acaban muchas reclamaciones: la tienda te manda al servicio técnico oficial y el servicio técnico te devuelve a la tienda.
La garantía comercial que ofrecen algunas marcas es voluntaria, se suma a la legal y jamás la sustituye. Si una garantía comercial te ofrece «2 años» cuando la ley te da tres, no te está dando nada: te está quitando la mitad del tercer año si te la crees.
Catorce días para desistir, con derecho a probar el producto
En compra a distancia (web, teléfono, catálogo) dispones de 14 días naturales desde la recepción para desistir sin dar explicaciones. Y aquí está lo que más se incumple: durante ese plazo puedes manipular el producto lo necesario para comprobar su naturaleza, sus características y su funcionamiento, exactamente igual que harías en una tienda física. Puedes abrir la caja, encenderlo, probarlo y devolverlo. Solo respondes de la disminución de valor que resulte de una manipulación distinta de la necesaria para esa comprobación.
Cláusulas que no son válidas. «Solo admitimos devoluciones sin abrir y con el embalaje original precintado», «no se admiten devoluciones de productos usados» o «pasados 7 días no se aceptan cambios» contradicen los artículos 102 a 108 del RDL 1/2007 en venta a distancia. El embalaje original ayuda a que el producto vuelva sin daños, y es sensato conservarlo, pero su ausencia no anula tu derecho a desistir. Si una tienda te opone una de estas cláusulas, tienes las hojas de reclamaciones, las oficinas municipales de información al consumidor y el arbitraje de consumo.
Las excepciones reales al desistimiento
El artículo 103 recoge una lista tasada de casos sin derecho de desistimiento. Las que más te vas a encontrar:
- Bienes personalizados (art. 103.c): confeccionados conforme a tus especificaciones o claramente personalizados, como un mueble a medida, un grabado o una prenda con tu nombre.
- Productos precintados por razones de higiene o salud que hayas desprecintado tras la entrega. Ojo: la excepción nace al romper el precinto, no por el tipo de producto. Un artículo de higiene que llega sin precintar sí admite desistimiento.
- Bienes perecederos o que puedan deteriorarse con rapidez.
- Grabaciones y programas informáticos precintados una vez abiertos, y el contenido digital suministrado sin soporte cuando has consentido la ejecución con renuncia expresa a desistir.
Fuera de esa lista, la respuesta es que sí puedes devolverlo. Una FAQ de tienda que conteste «no» a la pregunta de si se puede devolver un producto estándar comprado por internet está informando mal.
Cómo evaluar la posventa antes de comprar
Puntúa el criterio de posventa con estas comprobaciones, que llevan diez minutos y se hacen desde el sofá: busca si existe un servicio técnico con dirección y teléfono en España; escribe una pregunta al soporte antes de comprar y cronometra la respuesta; localiza el catálogo de repuestos; lee la política de devoluciones entera, sobre todo quién paga el envío de vuelta; y busca en foros cómo han ido las reclamaciones de otros con esa marca. Un fabricante que contesta en 48 horas antes de tener tu dinero probablemente conteste después. El que no contesta antes, seguro que no contesta después.
Analizar un producto para venderlo: el mismo método del revés
Si el análisis lo haces como vendedor, fabricante o responsable de una tienda, la mecánica no cambia: cambia quién puntúa. Tu comprador va a rellenar mentalmente una matriz parecida a la del paso 5, así que tu trabajo es averiguar qué pesos usa y dónde te hunde la puntuación.
Ficha de producto que resiste el análisis
Los productos que se venden bien tienen fichas que responden a las preguntas antes de que se hagan: dimensiones en milímetros, peso, materiales por pieza, consumo real, qué incluye la caja, qué no incluye, compatibilidades con lista y fecha, disponibilidad de repuestos y condiciones exactas de devolución. Publicar el «no incluye» reduce devoluciones y sube la conversión, aunque parezca lo contrario: quien devuelve un producto porque le faltaba un cable no vuelve a comprarte.
Análisis de la competencia sin copiarla
Coge tres competidores directos y rellena la misma matriz de criterios con sus productos y el tuyo, puntuando con la honestidad de un cliente. Los criterios donde salgas por debajo son tu hoja de ruta. Los criterios donde salgas muy por encima y el mercado no lo esté valorando son tu problema de comunicación, no de producto. Y si ganas en todo, revisa la puntuación: casi siempre significa que has puntuado como dueño, no como comprador.
Precio y valor percibido
Fija el precio sobre el coste total de propiedad que ofreces, no sobre el precio de etiqueta de la competencia. Si tu producto dura más o gasta menos consumible, ese dato es tu argumento y hay que ponerlo en la ficha con números. Y ten cuidado con los precios tachados: la normativa española exige que el precio anterior anunciado sea el más bajo aplicado en los treinta días previos, así que un descuento permanente sobre un precio que nunca se cobró es una infracción, además de una señal que los compradores con criterio detectan enseguida.
Los errores que más caros salen
- Elegir el producto antes de definir el uso. Todo lo que viene después se convierte en justificación.
- Comparar precios de etiqueta. Sin consumibles y sin vida útil, la comparación no significa nada.
- Confiar en la nota media. La distribución, las fechas y las reseñas de tres estrellas dicen mucho más.
- Aceptar cifras sin unidad ni norma. «Hasta», «un 40 % más» y «resistente al agua» no son datos.
- Comprar con prisa artificial. Contadores, unidades restantes y ofertas que caducan existen para saltarse el paso 5.
- Pagar la garantía extendida en los tres primeros años. Estás comprando lo que la ley ya te da.
- Ignorar el peso y las medidas. Es la primera causa de devolución en compra online.
- No leer la política de devoluciones. Se lee en tres minutos y es donde aparecen las cláusulas que no deberían estar ahí.
- Comprar la gama alta «por si acaso». Prestaciones que no vas a usar puntúan cero en el criterio que más pesa.
- Alargar el análisis sin fecha de cierre. Investigar sin decidir tiene un coste real, aunque no lo veas en la factura.
Checklist final antes de darle a comprar
- Tengo escrita en una frase la tarea que el producto tiene que hacer.
- He fijado los pesos de mis criterios antes de mirar candidatos.
- He comparado tres opciones, ni dos ni diez.
- Cada cifra que he usado para comparar tiene unidad y condiciones de medida.
- He calculado el coste a cinco años con consumibles, energía y recambios.
- He ordenado las reseñas por recientes y he leído las de tres estrellas.
- Sé cuánto cuesta el repuesto de la pieza que más falla según esas reseñas.
- He localizado el servicio técnico y he leído entera la política de devoluciones.
- He comprobado las medidas contra el hueco donde va a ir.
- He quitado el criterio de más peso y el ganador sigue siendo el mismo.
Si marcas ocho de los diez, ya estás decidiendo mejor que la inmensa mayoría de las compras que se hacen en internet. Y si alguno de los que fallan es el de la posventa, vuelve atrás: ese es el que se paga caro cuando algo va mal, que es justo cuando ya no puedes elegir.
